El mexicano

El mexicano

Hace tiempo que un sector importante de los mexicanos ha cambiado de actitud, al menos en las principales ciudades del país. Aprendimos a confrontarnos en vez de darle la vuelta al debate. No somos muchos pero sí los que queremos un México más democrático, civilizado, progresista. (Incluyo a los que discrepan de mis convicciones de izquierda: aquellos de derecha que piensan por sí mismos, sin prejuicios religiosos. Los hay, por fortuna, aunque Felipe Calderón no esté en el equipo).

Ya no sorprende la reacción de la Iglesia católica sobre el aborto, la homosexualidad y todas las derivaciones de progresos para las mujeres en su derecho a decidir sobre su cuerpo; la ley para que gays y lesbianas se casen y adopten hijos. Nadie lo creerá ahora pero estos sucesos que dieron la vuelta al mundo cambiarán el espectro de nuestro país en los próximos años, para bien de los mexicanos. (Se equivocaron los que dijeron o escribieron que defender estos derechos era un error para las aspiraciones presidenciales de Marcelo Ebrard: puso a México en el centro del debate civil, lo que no es poca cosa).

Las reacciones de algunos partidos sobre la penalización del aborto es eso: reacción que terminará por dar marcha atrás porque al movimiento civilizatorio ya no lo para nada ni nadie, a pesar de la derecha más reaccionaria y retrógrada, cuya cabeza principal es Felipe Calderón. Si el PRI de Beatriz Paredes es inteligente terminarán por aceptar el error y recularán en su apoyo absurdo contra las mujeres. (El inicio de la democracia en México pasa por la cama de los mexicanos. O entendemos eso o no leímos nunca a Wilhelm Reich: la libertad sobre nuestro cuerpo es el principio de la libertad sobre nuestra mente).

La gente opina con plena libertad de estos temas como si fueran especialistas. No importa que se equivoquen sino que se discuta. Los que provocaron este debate fueron curiosamente los que estaban en contra del progreso de la vida personal sin distingos de raza, sexo o religión. (Estar en contra de la igualdad de las personas nos hizo mejores a todos, incluso a Felipe Calderón).

Por eso, y porque es oportuno, recomiendo el libro de Heriberto Yépez: La increíble hazaña de ser mexicano. Se enojarán sin duda, pero no se arrepentirán de leerlo. Ahí les dejo una frase para provocarlos:

“Uno se vuelve tonto para protegerse”.

braulio.peralta@milenio.com

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