El gran fastidio del celular

El gran fastidio del celular

Cuando suena el celular me da el sobresalto del que es agarrado en falta, del que lleva encima una oscura culpabilidad, del que no puede recibir una llamada si no es para rendir cuentas de un delito menor o una infracción mayor.

No sé por qué alardeamos de poseer artefactos tan esclavizantes y perseguidores, estimados lectores. Eso de estar disponible de manera permanente para cualquier persona y en cualquier lugar no es un lujo ni un privilegio sino una molestia insoportable. Ya en casa el teléfono fijo era una monserga (excepto cuando uno mismo tomaba la decisión libre y soberana de llamar a quien te diera la gana en vez de que fuera un perfecto desconocido —un vendedor de seguros, un inspector de Hacienda o un empleado de un banco— a quien le viniera en gana llamarte a ti.) Bueno, pues ahora va uno por el mundo con un artilugio que puede sonar cualquier momento: te sientes mal si estás ocupado y no lo contestas (¿Quién puede ser? ¿Será una urgencia? ¿Me estarán ofreciendo un buen negocio?) y te sientes mal de contestarlo cuando estás ocupado (¡Qué lata con este tipo que no me deja hacer mis cosas! ¡Qué llamada tan inoportuna!). El celular no es un símbolo de estatus sino, al contrario, la marca indeleble que lleva el siervo, el vergonzante aviso de la subordinación absoluta a un jefe tiránico, una mujer controladora o un novio posesivo. Ya no tenemos derecho a no contestar, señoras y señores, se supone que estamos disponibles de manera absoluta y en constante stand-by. Hemos perdido la incomparable libertad del que puede ausentarse, del que desaparece por gusto y decisión propia.

¿Quién sería el hombre más emancipado de la sociedad industrial avanzada o, dicho de otra manera, el individuo más libre de todo Occidente? Pues, un tipo que no necesitara tener celular, que llamara a los demás solamente cuando quisiera. Una persona que se permitiera el lujo de no recibir llamadas de nadie. Ese sujeto prácticamente no existe. Todos nos hemos vuelto esclavos. Qué fastidio.

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

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