El Factor Humano

El Factor Humano
El sentimiento es general, crece alentado por la crisis y basta echar un vistazo a la política holandesa, para comprobar que tiene hondos efectos electorales.
No hay un solo país desarrollado en el que no se haya impuesto la tesis de que hay demasiados inmigrantes, y se vuelve perentorio cerrar las puertas para que no entre uno más y endurecer las leyes para empujar a marcharse a todos los que sea posible.
A medida que suben los índices de paro y bajan las cifras del PIB, se endurece la opinión de la ciudadanía y se consolida una imagen que asocia la presencia del foráneo al deterioro de la situación.
Me parece catastrófico. No me tomen el número cambiado, porque no fui uno de los chisgarabís que pedía papeles para todos ni creo en la Alianza de Civilizaciones zapateril.
Basta echar la vista atrás una década, para concluir que no ha habido en Europa una política migratoria digna de ese nombre y que, en España, las cosas se han hecho literalmente con los pies: con los de los que venían y con los de los que establecían las normas.
Mantener un flujo constante de inmigrantes es clave para superar el marasmo y poner en marca un nuevo modelo económico, que sustituya al del ladrillazo y el turismo de aluvión.
En lugar de dedicar decenas de millones a promocionar a los de la farándula, hay que financiar miles de becas para que vengan a hacer el posgrado a nuestras universidades los mejores estudiantes en ciencia y tecnología de Iberoamérica.
Hay que ampliar el cupo de hispanoamericanos que se gradúan en nuestra Academia Militar, y en lugar de apostar por peones de la construcción, empleadas de hogar y chicos para todo, habrá que hacerlo por matemáticos, químicos, físicos e informáticos.
Así, a lo mejor, ponemos en pie una economía sostenible y conseguimos que no nos devoren los chinos.
Alfonso Rojo/abc.es

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