El día de hoy

El día de hoy

Los años, un día marcado en rojo, o en verde, el color de los cumpleaños o de la vida. Ahí está puesto, como un banderín o como una bandera, como un prado por el que corre una niña que lleva en la mano unos guantes rojos, el frío en la cara, aterida y riendo, le acaricio el pelo, y ella ríe y vuelve a correr como si no hubiera tiempo, como si ese fuera el momento en que ya aprendió a correr. Luego vuelve con una bola de nieve en la mano y me la ofrece como si me estuviera dando un alimento o un saludo.

Después la vida va contando otras historias; el estrado, ella habla, cuenta lo que sabe, y un tribunal muy circunspecto va anotando adjetivos que yo anoto como si estuviera a punto de escribir un reportaje secreto en el que ella es una emoción y una protagonista.

O los viajes, sus preguntas y su risa, y también el tiempo que ya es suyo, uno mirando desde la distancia cómo se va haciendo la vida y ya no hay nieve sino recuerdo; el tiempo es un recuerdo haciéndose, tú ya ves como otros, ella misma, hacen los recuerdos mientras tú mismo eres un recuerdo que mira los años como si ya los hubieras hecho todos.

La juventud y el tiempo. El afán, la ansiedad, la vida. A veces hay que parar el tiempo como Espronceda pedía que se parara el sol. Ese instante en que uno ve al otro con la generosidad sin fin que aprendió de los padres es lo que Leonardo Sciascia, el noble, asmático, siciliano, llamaba felicidad.

Juan Cruz

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