El declive de Milanés: la voz del régimen cubano cae en desgracia

El declive de Milanés: la voz del régimen cubano cae en desgracia

Sólo su importancia en Cuba evita que el legendario cantautor no acabe en la cárcel por sus críticas al castrismo

En agosto de 2008, Pablo Milanés se rodeó de un grupo de amigos para darse un homenaje musical en La Habana. Allí, ante la televisión cubana, el autor de «Yolanda» y otros himnos de la canción de autor, volvió a dejar constancia de su credo político: «Yo soy anti imperialista por excelencia. No lo proclamo, no lo digo a diario, no lo grito, pero por supuesto que mi esencia es absolutamente anti imperialista y revolucionaria». Aparentemente, era el mismo Pablo que durante años ha ejercido de valedor cultural del régimen cubano, el mismo que  hasta hace poco le dedicaba conciertos a Fidel. Sin embargo, algo está cambiando en el padre de la Nueva Trova.

Son sólo pequeños pasos, pero están ahí, lanzados al viento desde hace años. Para entender su postura conviene recordar que Milanés pasó por los campos de detención hace décadas. Que, a mediados de los 90, su admirado sistema cerró la revista que publicaba su fundación. O que, según cuenta Grace Piney, de la Fundación Hispano-Cubana, quien trabajó en aquella institución auspiciada por Milanés, «Pablo ha tenido dos o tres incidentes en Cuba, tratando de sacar el pie del mismo cubo en el que están todos siempre». Conviene recordar, como explica la escritora Zoé Valdés, «que Pablo está cada vez más cabrón con el régimen por lo que están haciendo con los negros. Es probable que sea personal».

El poder no perdona
El último atrevimiento del antiguo tótem cultural se ha producido en las páginas de varios diarios españoles.  «Se dan casos en Cuba de que personas anónimas tengan mi actitud y no salgan bien paradas ante las autoridades, medias, intermedias y hasta superiores, quién sabe», explicaba a «La Voz de Galicia» ante preguntas sobre la muerte de Orlando Zapata –el «delincuente común», según Willy Toledo, que llevó hasta el fin su huelga de hambre en protesta por la situación de los presos en Cuba– y sobre las últimas agresiones a las Damas de Blanco en La Habana. «He criticado una actitud del Gobierno hacia los contestatarios con la que no estoy de acuerdo», corroboraba en las mismas líneas Milanés.

Puede que otro estuviera ya en la cárcel, pero Pablo no es cualquiera. En Cuba hay un Fidel y un Raúl. Pero también un Silvio y un Pablo. «No les conviene encarcelarle, es alguien demasiado importante». Lo explica, también desde el exilio parisiense, el periodista e historiador del arte William Navarrete.

Un argumento similar esgrime la reconocida bloguera Yoani Sánchez en su bitácora, «Generación Y». Sánchez arranca así una reflexión: «Caminar al borde y decir justo hasta el límite es práctica obligada para ciertos artistas críticos que aún radican en Cuba». Para la escritora, el régimen no quiere reconocer que ha perdido el apoyo del mundo de la música. Por eso, cuenta, «no van a publicar en la web de ninguna institución oficial una diatriba agresiva y amenazante contra la franqueza del entrevistado. Tampoco le dejarán saber en el consulado de Madrid que ya no es bien recibido en su propia patria, ni lo acusarán de estar hablando con palabras del “Amo del Norte”. Ninguna de esas estrategias estigmatizadoras será desplegada contra Pablo, pero en los conciliábulos ministeriales y en los cerrados círculos del poder no le perdonarán haberse comportado como un hombre libre».

Esta caída silenciosa –«De qué callada manera» se titula el «post» de Sánchez– choca con la aparente normalidad de la situación de Milanés, cuyo nombre aún circula por las páginas de «Granma» y vive en su casa de La Habana. Pero cabe preguntarse por la ausencia de Milanés en el concierto «Paz sin fronteras, el pasado septiembre en La Habana, auspiciado por Juanes y en el que actuaron Miguel Bosé, Silvio Rodríguez y otros músicos.  Como señala Navarrete, «imagino que al régimen no debe caerle muy en gracia este tipo de declaraciones». En webs oficialistas como Cubadebate.com, se ha ninguneado a Milanés, prueba de que a la dictadura le escuece ver cómo sus figuras le dan la espalda.

Con Milanés no pierden sólo a una voz. «Tiene una gran influencia en el exterior entre los defensores del castrismo», explica Navarrete. De hecho, comenta el periodista, es muy probable que el paulatino viraje de Milanés explique las firmas de Ana Belén, Víctor Manuel y Pedro Almodóvar, entre otros artistas españoles, en la carta «Yo acuso al Gobierno cubano», tras la muerte de Zapata Tamayo.

Entre la oposición hay dos reacciones extendidas: quienes se felicitan y quienes recelan. Los blogs hierven con comentarios como «hace tiempo que está en la lista negra» y otros como «ya era hora». Quienes llevan años luchando por la libertad opinan con cautela. Así, Carlos Payá, hermano del opositor  Oswaldo Payá, explica que «toda la vida, Pablo ha sido junto con Silvio la voz del régimen. Pero, en el pueblo cubano, la oposición está dando un giro y tratando de no mirar atrás. Hay que tirar adelante, y eso incluye a todo el mundo». 
 
Zoé Valdés, que conoció a Milanés hace años –«era amigo mío, y, antes de nada, es un gran artista», matiza–, no duda de sus motivos. Pero teme que «eso pueda servir a un grupo de castristas que lo que quieren es un cambio en Cuba, pero muy tranquilo. Hay quienes no quieren que sigan los viejos, las personas, pero sí el régimen».

Miguel Ayanz/larazondigital.es

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