El codigo David

El codigo David

Como Aquiles, pero dentro de una batalla sin épica murió David Beckham. Es curioso que fuera el talón y no algo más trágico lo que acabó con su carrera. Perseguido por la santa inquisición de los feos, fuertes y formales, que le acusó toda la vida con rencor descabellado de blandengue, pusilánime y guaperas. Nada más falso, eran celos, envidia. La exagerada exposición de Beckham exfoliaba sus defectos y maquillaba sus virtudes. Capitán inglés, campeón de Europa, ídolo del Manchester United. Antes que el marketing lo explotara y la cosmética lo crucificara, era uno de los 5 mejores futbolistas del planeta. El Madrid, Galaxy y el Milán, igual que Victoria, son consecuencia, vienen con la promoción.

No se va pues un deportista cualquiera, sino el fenómeno comercial que elevó el futbol al rito de una cultura “pop”. Puso a este juego frente al espejo en el que hoy se miran malamente la mayoría de los jugadores. Incapaces de vender hasta su irrupción otra cosa que no fuera una bota, un balón o una cerveza. El estallido sensual de Beckham fue la respuesta que Gran Bretaña propuso para reinventar este deporte y enfrentarlo al arrasador consumo de las Ligas norteamericanas. En algo fallaba el futbol, jactándose siempre de aplastante popularidad pero inútil para penetrar mercados. Beckham conquistó el oriente para FIFA, casi nada, es Genghis Kahn vestido de seda. Parece mentira, pero su carrera es brillante, nunca hubo un futbolista con tanta humildad, rodeado de tanta vanidad. Los he visto más feos y más pendejos.

Se trata de promover el 1% de tus sueños, donde existen noches perfectas, ilusiones ópticas y cuentos de hadas. Pero de vez en cuando, al leer sobre ellos, parecen realidad, porque son escritos con verdad.

Jose Ramon Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

Deja un comentario