Detesto el verbo prohibir

Detesto el verbo prohibir
Detesto el verbo prohibir: no soy partidario de prohibir nada. Y menos un espectáculo como los toros, al que se puede ir o no, de acuerdo con tus aficiones y tus convicciones. Ahora, prohibirlo de ninguna manera. Es una tradición arraigada en la historia cultura e incluso social de España. El arte y la literatura están repletos de referencias magníficas al mundo de los toros, aprovechándolo como un modelo estético. Luego, ahí queda otro aspecto de la cosa que son los derechos de los animales. Pero eso es una cuestión muy compleja, muy resbaladiza. Sin duda alguna, no se puede negar el sufrimiento del animal o la crueldad de ciertas faenas, desde la pica hasta las banderillas, el descabello, todo esto puede ser violento, pero como eso no se puede evitar, pues ¿qué se la va a hacer? Desde joven he sido muy aficionado a los toros en mi tierra de Jerez. Lo que pasa es que desaparecieron los últimos toreros que a mí me interesaban, como Curro Romero y Rafael de Paula, y desaparecidos ellos yo dejé de ir a los toros, pero por razones de puro sentido de la fidelidad a los toreros que a mí me gustaban. Mi idea principal hoy es que detesto el verbo prohibir, y mucho menos aplicado a las corridas de toros.
Jose Manuel Caballero/abc.es

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