Del mal, el menos

Del mal, el menos

NO ME es grato ningún escáner corporal, pero lo prefiero a la inseguridad de un vuelo en avión. En el penúltimo, atravesados la barrera y el marco final, se me acercó un joven uniformado. «Una última inspección, que es aleatoria». «¿Y me ha tocado a mí?» Me dispuse, en cruz, a sufrirla. Ante cierta sonrisa, dije: «¿Y no será que usted quiere alardear de haberle tocado los huevos a Antonio Gala?» Respondió, descubierto, con una carcajada. Eso sí era pasarse. Sin embargo, al Papa le perturban los nuevos sistemas no táctiles. Cree que la dignidad, «el respeto a la persona y la atención a sus necesidades deben ser lo primero»: ¿Para qué coño creerá el Pontífice que se instalan tales horcas caudinas? No creo que su fin sea perturbar la intimidad de la entrepierna e ignoro si su tecnología es nociva para la salud. Sin embargo, recuerdo a Benedicto que nuestros primeros padres, sin tanta malicia, nudos erant et non erubescebant. Yo lo grabé en la cabecera de una antigua cama: «Estaban desnudos y no se avergonzaban». Lo que no consiga una manzana….

Antonio Gala

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