Clases de pecados

Clases de pecados

¿NO TIENE bastante la Iglesia en general, y la española en particular, con barrer sus propias marranadas de paidofilia, efebofilia y otros cachondeos como para meterse en lo que sucede cuando la gente folla sin condones que ella prohibe? ¿Cree que basta con echar la culpa a sus miembros (en todos los sentidos) de Irlanda, USA, Alemania y Holanda (qué diría don Bosco), invitándolos a darse golpes de pecho o lo que sea? ¿Necesita que la mercancía de menores no se agote? Que se meta en su propia cama, que lea su propia historia enrojecida de vergüenzas y de sangre, que procure que sus curas gordos no se ofrezcan por internet para sesiones sexuales de todo tipo -«menos sado»- y alardeen de sus 15 centímetros -que ya son ganas- después de gastarse en porno el dinero de las cofradías de su parroquia. Que deje en paz a los Gobiernos que aspiran a olvidarla. Que distinga el pecado del delito, y pague las indemnizaciones… En una palabra, que se vaya con Dios. Y nos deje tranquilos, viviendo a nuestro pobre aire. Porque su misión ha concluido, con el escándalo del gentiluomo vaticano Balducci, salvo que quieran seguir vendiendo el arte que acapararon en sus capillas y conventos. Sin servir para nada a los demás.

Antonio Gala/elmundo.es

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