Chopin universal

Chopin universal

Los siete tripulantes de la nave Endeavour, capitaneados por George Zamka, piloto de origen polaco, cuya misión de dos semanas en la Estación Espacial Internacional culminó la madrugada del 22 de febrero, tuvieron en ese viaje dos importantes celebraciones: la puesta en órbita del astronauta número 500 de la NASA, y la instalación de un nuevo módulo llamado Tranquility (tranquilidad), con música de Federico Chopin, grabada en un disco compacto que les obsequió la embajada de Polonia en Washington, DC, para conmemorar el bicentenario del nacimiento del excelso compositor.

Este hecho se suma a otros testimonios de la universalidad de Chopin: un asteroide descubierto en 1986 por el astrónomo Eric Walter Elst y un cráter en el planeta Mercurio llevan su nombre.

Todavía causa polémica la fecha exacta del nacimiento de Chopin en la villa de Zelazowa Wola, en las inmediaciones de la ciudad de Mazovia: su acta de bautismo registra el 22 de febrero de 1810, pero él y su familia solían celebrar su cumpleaños el primer día de marzo.

Por encima de esta duda, o para dejarla a un lado, del 22 de febrero hasta el 1 de marzo, más de 250 músicos y cantantes se turnaron día y noche para ofrecer un larguísimo concierto e interpretar a Federico Chopin durante 171 horas, en una sala del centro de Varsovia, capital de Polonia. “Como no sabemos cuál de las dos fechas es la verdadera, tuvimos la idea loca de unirlas”, explicó Pawel Besser, organizador del espectacular concierto, en tanto que Waldemar Dabrowski, presidente del Comité de organización del Año de Chopin en Polonia, resumió escuetamente: “Un genio tiene el derecho a nacer durante toda una semana”.

Hijo de madre polaca y padre francés, no hay otra figura en el mundo que represente tan fielmente la cultura, el nacionalismo y el patriotismo polaco como Federico Chopin. Expatriado o autoexiliado, siempre fue leal a Polonia, un país marcado por guerras e invasiones. En sus mazurcas, dicen los críticos, se reflejan los ritmos del folclor polaco y las polonesas están imbuidas por el espíritu heroico de su patria, pero también aflora en su obra la dulce melodía, la exquisita armonía y la delicadeza poética.

Sin duda, Federico Chopin es un patrimonio universal: desde la casa en que nació, hoy convertida en museo, hasta Río de Janeiro, en Brasil, que luce en Praia Vermelha (Playa Roja), con el gran peñasco de El Corcovado a la izquierda, la estatua de un compositor reflexivo frente al mar, esculpida por August Zamoyskique en 1944; desde la iglesia de Brochow, donde fue bautizado el 23 de abril de 1810, hasta su monumento en el Parque Monceau, en una de las zonas más exclusivas y aristocráticas de París. Curiosamente, Chopin tenía su propia percepción ecuménica: “El piano es mi universo”, solía decir.

Justo en París, donde vivió desde 1831, murió el 17 de octubre de 1849, víctima de la tuberculosis. En una de las 70 mil tumbas del cementerio parisiense de Père-Lachaise, muy cerca de donde yacen otros genios, como Molière, Rossini, Proust, Wilde, Apollinaire, Balzac y Bizet, está el mausoleo de Chopin. Lo custodia una abatida Euterpe, la musa griega de la música, esculpida por Auguste Clésinger.

luis Maldonado /eluniversal.com.mx

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