Al pedo

Al pedo

Infortunios y accidentes causados por los pedos diptongos / Historia de un pedo que hizo huir al diablo y le volvió tonto / Viviendas liberadas del diablo mediante pedos diptongos / Razones y axiomas

         Si el pedo diptongo es más terrible que el trueno y si es cierto que el rayo que le sigue ha abatido a infinidad de personas, ha vuelto sordos a unos y alelado a otros, no cabe duda de que un pedo diptongo, cuando no fulmina, es capaz no sólo de provocar todos los accidentes del trueno, sino también de matar de golpe a las gentes débiles, pusilánimes y susceptibles de tener prejuicios.

         Todas las causas provienen de la ingestión de rábanos, ajos, grbanzos, habas, nabos, y en general, de todos los demás alimentos ventosos, cuyas maléficas virtudes todos conocemos y que producen el sonido claro, sucesivo, breve y entrecortado que se oye cuando irrumpe el pedo.

         Entre las muchas historias que corren por ahí acerca de explosiones, voy a relatar aquí una de las que puedo dar constancia.

        El diablo atormentaba desde hace mucho tiempo a un hombre para que se entregara a él. Este hombre, al no poder resistir ya las persecuciones del espíritu maligno, consintió finalmente con las siguientes tres condiciones que le expuso en el acto:

        1º. Exigió una gran cantidad de oro y de plata, que recibió inmediatamente.

        2º. Exigió que le volviera invisible; el diablo le enseñó la manera de hacerlo y lo acompañó mientras realizaba el experimento.

         El buen hombre, apurado, ya no sabía que pedirle en tercer lugar al diablo que éste no pudiera complacer, y, como su ingenio no le brindaba la ayuda que él esperaba, se apoderó de él un gran temor cuyo exceso, por casualidad, le salvó por suerte de las garras del diablo. Se cuenta que, en ese momento crítico, se le escapó un pedo diptongo, cuyo estallido recordaba al de una descarga de mosquetón. Entonces, aprovechando con agilidad la ocasión, el hombre le dijo al diablo:

       – Quiero que enhebres todos estos pedos en una aguja, y seré tuyo.

       El diablo intentó enhebrarlos; pero por mucho que presentara por un lado el ojo de la aguja y estirara por el otro cuanto podía, jamás pudo realizar la hazaña. Además, asustado por el horrible estruendo de aquel pedo, que los ecos de los alrededores habían multiplicado, y confundido, furioso incluso, de que le hubieran tomado el pelo, salió huyendo no sin antes soltar un zullón infernal que infectó toda la vecindad, liberando así al infeliz del inminente peligro que había corrido.

www.eldiariodedali.webs.com

Deja un comentario