¿Cómo dar vuelta a la página, si Maciel era el libro entero?

¿Cómo dar vuelta a la página, si Maciel era el libro entero?

Pido prestada a León Krauze la pregunta que planteó en estas páginas hace un par de semanas. Pregunta necesarísima ante lo que nos viene: los deslindes y las explicaciones, los “yo no sabía” y “los Maciel no era la misión”.

Habrá quienes aún quieran rescatar a la Legión de los legionarios y su legionario mayor. Pero tiene razón Krauze en su brillante texto del 16 de marzo: sin Maciel no se entiende el Regnum Christi.

El asunto Maciel tiene por lo menos tres partes. La primera: las atrocidades en sí mismas; la segunda: la operación de encubrimiento en la que los Legionarios y la jerarquía de la Iglesia católica se embarcaron desde hace al menos cincuenta años. Y por último, la maquinación de algunas élites mexicanas para aplastar en México a las víctimas del abusador y a los periodistas que revelaron desde 1997 el monstruo que era.

I

Hay algo misterioso, incomprensible para mí en la devoción aún hoy de tantos hombres y mujeres hacia Marcial Maciel.

Basta leer el comunicado en el que, por fin, los legionarios aceptan que su fundador es un perverso delincuente —sin usar esas palabras—, para darse cuenta lo que les cuesta aceptar la realidad denunciada desde finales de los años cincuenta.

En las primeras líneas del documento, a los legionarios les parece “reprobable” lo que ha hecho su fundador y guía moral. ¿Reprobable? Se reprueba un examen, pero una vida dedicada a la delincuencia, al abuso sexual, a la mentira, al encubrimiento…¿Reprobable o asqueroso?

Es curioso, es como si fueran de otro mundo, en ninguna parte de la carta los líderes de los legionarios se refieren a la ley de los humanos, de los países donde todos los días operan y en los que las acciones de su fundador le hubieran merecido la cárcel.

Les parece que es mal cristiano, que no se guió según principios de su iglesia, bla, bla, bla… pero nunca dicen que es simplemente un delincuente sexual, un pederasta. Como si las leyes de los hombres no existieran. Es más, generosos, le piden a Cristo que en su “misericordia” perdone a su fundador.

La mayor reparación del daño que ofrecen a sus víctimas es la de seguir orando por ellas: “Al mismo tiempo somos conscientes de que Jesucristo es el único capaz de sanar definitivamente y de ‘hacer nuevas todas las cosas’”.

¿Por qué insisten en utilizar la fe como argumento? ¿No fue la manipulación de esa misma fe el arma criminal de Maciel?

Para los hombres, lo que cometió Maciel es un delito. Si es pecado, discútanlo entre ustedes, los que creen en esas cosas.

II

El documento dado a conocer ayer y firmado por la jerarquía legionaria es omiso en cuanto al operativo que por décadas perpetraron sus allegados en la orden para proteger al fundador.

Existen hoy en día suficientes libros y artículos para documentar cómo desde hace cincuenta años cada vez que alguna víctima de Maciel levantó la voz, los legionarios salieron a aplastarla. Nada dice el documento de la cruel manera en que se obró para acallar a quienes el poderoso Maciel había ultrajado.

¿Cuántos de los signatarios del documento de ayer callaron durante años? ¿Cuántos ayudaron a esconder los delitos del fundador? ¿Cuántos que hoy son directores de escuela, maestros, funcionarios de la legión colaboraron en el aplastamiento de las víctimas? ¿Cuántos legionarios hoy en activo nunca pensaron, no digamos denunciar sino al menos en “dar apoyo espiritual” a los abusados?

¿Cuándo comenzará la Legión la investigación interna que denuncie cómplices, sin excusa ni pretexto? No encubrieron un pecado, sino un delito. Y eso es también un delito.

Para ser claros, ¿cuántos delincuentes hay entre los legionarios?

El histórico documento se da en medio de complicadísimos momentos para el Vaticano. Cada día una nueva revelación periodística muestra cómo el actual Papa, en sus anteriores posiciones, fue un instrumento más en la maquinación que por décadas pretendió ocultar la pederastia entre sacerdotes. ¿Quién entre los legionarios denunciará que fueron beneficiarios de esa política vaticana?

III

En 1997, Javier Moreno Valle, presidente y dueño de CNI-Canal 40, tomó una decisión que en última instancia, y después de muchos avatares, le costó la empresa. Apostó por el trabajo serio y profesional de Ciro Gómez Leyva, Marisa Iglesias, Marcial Ortiz y el resto del pequeño equipo del verdadero 40.

El embate de los poderosos fue brutal. Los más importantes empresarios de aquel entonces, llamaron a funcionarios, a secretarios de Estado, que a su vez amenazaron al canal. Después cumplirían. El boicot comercial fue brutal. El intento de descrédito de quienes participaron en aquel Realidades fue terco.

Trece años después vale la pena preguntar cuándo podemos esperar de ellos su acto de expiación. Su disculpa, su confesión, por haber encubierto a un pervertido, a un delincuente, a un monstruo.

Y sólo por curiosidad: ¿qué harán con las fotos de sus bodas, sus bautizos, sus primeras comuniones? ¿Qué harán con su vergüenza?

Carlos Puig/mileniodiario.com

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