Y usted, ¿de que se rie?

Y usted, ¿de que se rie?
Brocha: ¡Que risa! todos lloraban

El humor, la capacidad de reír incluso de nuestra propia tragedia, son antídotos más que obvios que derrumban esa alienación insoportable a la que nos somete todo sistema opresivo. De allí que actualmente se realicen con tanto éxito “talleres de la risa” como una nueva forma terapéutica. Sin embargo, hay trampas que tiende el humor a aquellos incautos que se dejan arrastrar por su propia frivolidad o por pura soberbia. La ironía utilizada sistemáticamente como crueldad hacia los más débiles, deja de ser un recurso inteligente para transformarse en una muestra de solapada cobardía. Lo mismo sucede con aquellos que consiguen reír a fuerza de ocultar sus males o las problemáticas sociales y políticas. Su expresión de contento se parece a lo que algunos psicólogos llaman “la risa del ahorcado”. Ese gesto final que se apodera de los ajusticiados segundos antes de pasar a mejor vida, esa cínica mueca vacía.
El humor es el sexto sentido. Y, aunque se dispongan de todos los recursos propios de la ignorancia o la negación conformista, será imposible conseguirlo en su cálida y plena belleza. La carcajada surgirá allí donde menos se la espera, interrumpiendo discursos, falsedades, hipocrecías y amargas risotadas de hiena. Porque por más que se intente inyectarnos ese infame optimismo postmoderno, no todo estúpido es alegre, ni toda alegría estupidez…

titi.lacoctelera.net

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