Vidas ejemplares

Vidas ejemplares

OGROS ALEMANES

Aunque es cierto que Estados Unidos tiene el monopolio del asesinato serial en el mundo, hay otros países, como Alemania, que no se han quedado al margen de este fenómeno criminal. Gran parte de los predadores alemanes, sin embargo, ha destacado no sólo porque involucra la actividad sexual en sus delitos, sino también por el gusto que ha demostrado por la mutilación, la necrofilia y el canibalismo.

Algunos ejemplos ilustran la aseveración anterior. En los 20 del siglo pasado, Karl Denke fue arrestado de atacar con un hacha a un hombre. Las investigaciones ulteriores condujeron al hallazgo de restos de 40 personas, a las que asesinó, canibalizó y de las que se presume vendió parte de ellas como carne en los mercados locales.

Karl Grossman era un sádico sexual que eligió como víctimas a niños y mujeres. Asesinó a casi 50 personas y aprovechó la depresión económica de la República de Weimar después de la Primera Guerra Mundial para abastecer de carne los mercados. La carne, por supuesto, era de sus víctimas. Al igual que su tocayo Denke, Grossman prefirió suicidarse en su celda antes que ser ejecutado.

La carrera criminal de Fritz Haarmann transcurrió entre 1918 y 1924. Se especula que asesinó a 27 personas, aunque él insistió que fueron 24. Lo cierto es que pudieron ser más, ya que El Carnicero de Hanover, como se le denominó, abasteció de embutidos los mercados de su localidad, además de que fue uno de los precursores de la venta de ropa “de segunda”, prendas de sus víctimas que, junto con su socio y amante, Hans Grans, las vendía en los mercados de pulgas.

Después de que unos niños hallaron unos huesos humanos en las orillas del río Leine, las autoridades encontraron los restos de 22 personas. Durante sus pesquisas, los agentes se enteraron de las escandalosas fiestas que organizaba Haarmann con prostitutos que eran enganchados en los distritos rojos. Los reportes de los vecinos decían que muchas de esas celebraciones eran acompañadas por gritos de dolor.

El sospechoso fue aprehendido después de que ligó a un adolescente en una estación de tren. La policía irrumpió el domicilio de Haarmann, encontrando grandes plastas de sangre seca en el lugar, así como montones de ropa lista para lavar antes de venderse por mayoreo.

Aunque al principio Haarrmann adujo que la sangre en piso y paredes era consecuencia de su oficio de carnicero (que lo era), no resistió los interrogatorios y finalmente confesó sus crímenes. Señaló que desde 1914 había asesinado entre 50 y 70 personas, versión que cambió cuando la policía no pudo investigar más allá de 27 víctimas.

Fritz Haarmann fue ejecutado en la guillotina el 25 de abril de 1925. Su cabeza fue conservada para estudios clínicos y permanece en un frasco en una escuela médica. Hans Grans fue condenado a muerte y después exculpado gracias a una carta de Haarmann en la que lo desvinculó de los asesinatos.

Un hombre ahorrativo

De primera impresión, Joachim Kroll parecía un burócrata que mataba el tiempo coleccionando estampillas postales. En realidad era un asesino serial que entre 1955 y 1976 acabó con la vida de 12 mujeres. Su modo de operar era relampagueante. Sorprendía a su víctima en calles oscuras, la estrangulaba, en el mismo sitio desnudaba el cadáver y tenía relaciones sexuales con él. Tras mutilar algunas partes, regresaba a su casa a continuar la diversión con su muñeca inflable; después cenaba el producto de su cacería.

La desaparición en 1976 de Marion Kettner, de cuatro años, condujo a la detención de Kroll. Un vecino reportó que la cañería del complejo de departamentos donde vivía estaba tapada. Las autoridades, que para entonces sospechaban de Kroll, preguntaron a éste si sabía qué era lo que impedía el flujo de agua y desechos orgánicos por el drenaje. Kroll respondió tranquilamente: “tripas”.

Efectivamente, las entrañas de Marion obstaculizaban la tubería. Los agentes encontraron en el departamento del hombre el cuerpo destazado de la niña; retazos de su carne estaban en el refrigerador y otros habían sido devoradas por este ogro moderno. Cuando le preguntaron el por qué de su canibalismo, Kroll dijo que lo hacía para no gastar mucho en víveres.

En prisión, Kroll tenía esperanzas de someterse a un tratamiento integral que le permitiera en pocos años quedar en libertad. Su sorprendente propuesta fue desechada. Murió en prisión, de un ataque al corazón en 1991.

Jose Luis Duran King/mileniodiario

Deja un comentario