Pedro Paramo ya no vive aqui

Pedro Paramo ya no vive aqui
Volcan Iztaccihuatl

Escribí el prólogo para el libro de Paco Nadal: Pedro Páramo ya no vive aquí. Lo dejo en esta bitácora para celebrar que ya está en las librerías. Y para sugerirle al “Vasco” Aguirre, que lo lea bien leído. A ver si algo aprende.

Dice así:

“Paco Nadal: avasallador y en vilo

Abren ustedes un libro mágico. Lo ha escrito Paco Nadal con sus palabras como pájaros. Con su alegre ironía, con su mirada que todo lo trastoca para bien de lo que mira. Paco Nadal no sólo viaje a pie, en avión, en un viejo coche que renta por el mercado de un pueblo en brumas, en un tren lleno de pobres que no encuentran tregua en ninguna parte. Paco Nadal vuela sobre los mundos que visita.

Vuela mientras anda por un desierto en llamas, vuela mientras habla con un campesino, vuela cuando desafía una guerra para guardarla en su cámara, cuando nos cuenta su desayuno en la única fonda en la que alguien entiende que él no está habituado a empezar la mañana con un desayuno de dos mil calorías.

Paco Nadal tiene unos ojos que ven más allá, como si a cada tanto su dueño se levantara del suelo a tratar de entender desde lejos lo que de cerca parece un laberinto. México puede ser indescifrable. Así pensamos muchos de quienes aquí nacimos y seguimos viviendo, y eso hemos aceptamos, impávidos, con nuestros ojos habituados a mirar lo inaudito como si fuera lógico, como si el tiempo lo volviera invisible.

Tras leer el libro de este Nadal ferviente que viaja en paz por la guerra y en guerra por los páramos, yo, que aquí vivo, sé más de este mundo, lo he visto mejor, lo amo con nuevos y mejores argumentos, gracias a él.

Soy asidua lectora de Nadal y lo gozo, escriba sobre lo que escriba. Guiada por él he viajado a las Islas del Sur y por Groenlandia, he cruzado la sierra entre Argentina y Chile y he ido por ríos que no veré jamás y que gracias a él me parecen tan cerca que una tarde creí flotar sobre alguno. He pasado fríos de sólo imaginar el horizonte estremecido desde una casa de campaña en mitad de una borrasca de nieve en el fin del mundo.

A lugares con los que no había soñado nunca, ni se me antojaba visitar, ni sabía que existían, me llevó Nadal como si me tomara de la mano para enseñarme un mundo cercanísimo.

Ahora, con este libro, me ha enseñado una parte de México que no sabía como él la mira. Yo vivo a tres calles de la Colonia Condesa, de las casas y los edificios, los restoranes y los parques que él recorrió con la misma curiosidad que luego puso en Samarcanda. Y la volvió también heroica y divertida como un viejo mito. La hizo, mejor, de verdad. Por más que yo quiera a la ciudad de México, Nadal voló sobre el mundo de toda mi vida y lo contó mirando lentejuelas en las luces que alargan la ciudad de México hasta colmar un horizonte que a veces resulta insoportable. Juro que yo le tengo amor a esta ciudad oscura y tibia, contradictoria y devastada en que vivo, pero no me entusiasma como a él, porque hay poca gente en el mundo que sea capaz de un entusiasmo como el suyo.

¿Qué les digo de su viaje por Chiapas? Verán ustedes la magia que le impuso. Y Juan Rulfo, que ya no vive aquí, pero siempre anda cerca, estaría contento de saber que un viajero del tamaño de su imaginación, estuvo a buscarlo lleno de amor y aunque dijo que no lo había encontrado, lo contó en todas partes.

Yo no he ido a la barranca del Cobre, pero he leído muchas historias de viajes entre sus abismos y ninguna como ésta que descubre las maravillas que descubre hasta acercárnoslas por primera vez. Iré allá me he dicho, como nunca lo hice. ¿A un tren de segunda? ¿Por un acantilado? Que me lo platiquen, pensé con la certeza de que nunca iría. Ahora que lo he oído en la prosa de Nadal, he decidido irme cuanto antes, no sea que la barranca salga volando tras él.

Estoy segura de lo que he dicho: abrieron ustedes un libro mágico. Y no lo soltarán, porque es imposible librarse de la voz original y avasalladora de quien lo cuenta.”

Punto y aparte: Ya dije que el libro se llama “Pedro Páramo ya no vive aquí”. Cuando ustedes lo lean, le encontrarán la razón al título. Y les gustará.

Signos de interrogación: ¿Oyeron ustedes, o leyeron el recuento con las declaraciones del “Vasco” Aguirre, el entrenador de la Selección Mexicana de Futbol, sobre la vida en México, según sus ojos?

Punto y aparte: Son de dar pena. Y tristeza. El señor vive y trabaja y se gana el pan y mucha sal, unos cien mil euros al mes, entrenando a la selección. Y en cuanto sale del país, declara en la Cadena Ser, se cuida de no hacerlo aquí, en donde vive porque no le queda más remedio, imposible entrenar al futbol mexicano en Davos, unas barbaridades que debían darle vergüenza. A eso se le llama “patear el pesebre”. Además de malagradecido, menso, se metió una goliza. Ya no digo más para no echar a perder las alegría que da el libro de Paco y la fortuna de que existan ojos como los suyos.

Poesía para hoy: Bosque de Ángel González.

Música para hoy: Ingrata pérfida. Chava Flores. Les divertirá horrores. Los mexicanos apreciamos mucho a don Chava Flores, escritor de canciones fantásticas, pero para muchos de ustedes quizás sea todo nuevo.

Angeles Mastreta/lacomunidad.elpais.com

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