Numeros frios

Numeros frios

Al terminar un juego de beisbol, el inigualable PedroEl Mago Septién lo resumía con una frase y las últimas tres cifras de la tirilla final, los resultados de los equipos contrincantes: “Amables aficionados, al final queda la frialdad de los números…” y luego las carreras, los hits y los errores de cada uno de ellos.

Los buenos aficionados saben que cualquier juego beisbol puede ser reconstruido exactamente, jugada por jugada, lanzamiento por lanzamiento —clonado, se dirá ahora— si existe la anotación numérica correspondiente, un código que permite reproducir las emociones que un día se vivieron en el campo de juego. Por ello, “la frialdad de los números” es sólo una frase para describir la poesía del juego, porque al final el significado de los números no es frío.

Y ninguna cifra que refleje hechos sociales es fría. Es el resumen de alguna actividad humana. De acuerdo con la información proporcionada por mi compañera Aurora Vega, aquí en Excélsior, en lo que va del actual sexenio 17 mil 754 mexicanos han sido asesinados por cuestiones vinculadas al crimen organizado. Y no todos ellos eran presuntos delincuentes, casi 10% (1,610) era miembros de las policías y fuerzas armadas que combaten a los presuntos delincuentes organizados y otros 87 que nada tenían que ver con ninguno de los dos bandos, es decir que murieron por “balas perdidas”, según la Procuraduría General de la República (PGR) en su reporte Panorama de la Violencia en México.

Números fríos, parecen. No. Como en el beisbol, atrás de cada uno de ellos hay una historia, personal, familiar, social. Fueron 17 mil 754 mexicanos que, como todos los demás, nacieron y crecieron en el país que todos hemos construido; en los que el Estado gastó para garantizarles derechos básicos individuales y colectivos, una vida digna, dice la Constitución. Algo ocurrió para que no fuera así.

El número de 17 mil 754 muertos es una cifra fría. Son un promedio de 16 mexicanos asesinados cada día desde hace tres años. Pero, también atrás de cada uno de ellos hay padres, hermanos, amigos, profesores, compañeros, parejas, hijos… las emociones de una vida y de las muchas vidas con las que se relacionó. Como una jugada de beisbol. Atrás, también, está la historia colectiva, la nuestra, la del país; la del equipo.

Detrás de ese cifra fría, por macabra, debería haber, por justicia, una equivalente de los presuntos responsables de esos asesinatos, de sus verdaderas causas; sí de los balazos, de las armas, pero también de las causas originarias, las sociales, aquellas que llevaron a la inmensa mayoría de esos 17 mil 754 mexicanos a delinquir; de las consecuencias. ¿Dónde estuvo la sociedad, dónde estuvo el Estado, a lo largo de sus vidas truncas?

No es, como muchos creen y otros quisieran, un problema del sexenio. Es un problema originado y tolerado en muchos sexenios, incluido el actual por supuesto. Hoy padecemos la explosión brutal de un volcán social que acumuló la ilegalidad, impunidad y corrupción, el magma ardiente que está atrás de la frialdad de los números y éstos —terriblemente— no son los del beisbol.

Gerardo Galarza/excelsior.com

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