Mas dura sera la caida

Mas dura sera la caida

Cuando vi ayer la fotografía de un empleado del Museo de Cera retirando mediante una carretilla la estatua de Jaime de Marichalar, pensé en la gran verdad que encierra el proverbio latino que dice sic transit gloria mundi. La gloria del mundo es perecedera.

Que se lo digan si no a Baltasar Garzón, a cinco minutos de ser suspendido de la carrera judicial y ser arrojado a las tinieblas. Tras querer salvar al mundo y aspirar al Nobel, lo único que le queda al superjuez es fichar como columnista de Prisa.

No sé si le van a sacar de la Audiencia en carretilla, pero la humillación va a ser proporcional a los desafueros que ha cometido. Quien durante mucho tiempo se ha creído -como Calígula- que era Dios, va a tener que soportar la crueldad de los humanos con el árbol derribado.

Jaime de Marichalar, ex alumno de los jesuitas de Burgos, caía mal porque parecía un aristócrata ocioso al que le había tocado la lotería.

Garzón se ha ganado la animadversión del mundo de la judicatura por sus aires de supermán que ofenden a quienes trabajan de forma anónima en muy adversas condiciones.

La imagen de Marichalar es patética porque se asocia con la imagen del arribista expulsado del paraíso por meterse los dedos en la nariz. Ha sido rechazado por un entorno al que no pertenecía. Él mismo se quejaba -yo le escuché decirlo una noche- de las vejaciones a las que le sometía el Rey.

Garzón también ha perdido el sentido de la realidad: ha querido ser más que nadie, pasando por encima de la ley cuando era conveniente para su ego. Y eso no se lo van a perdonar.

Su arrogancia le ha llevado a cometer el último de sus errores: montar una campaña para linchar a los magistrados del Supremo, que tienen el colmillo retorcido. Para su desgracia, el ínclito Garzón ha topado con Luciano Varela, tan progre como él pero muchísimo mejor juez.

Al menos, Jaime de Marichalar ha tenido la dignidad de marcharse en silencio, sin montar ningún escándalo a pesar del cruel trato que ha sufrido.

Garzón quiere irse con la prepotencia de quien exige impunidad y haciendo el mayor ruido posible con su corifeo de juristas argentinos. ¡Qué mal lo va a pasar cuando nadie le haga caso dentro de unos meses!

Garzón, que es un juez que instruye mal y no sabe motivar sus resoluciones, lo va a pasar fatal cuando ya no haya un solo fotógrafo que le retrate con ese gesto de indómito cruzado con el que atraviesa la calle para entrar en la Audiencia.

Lo va a pasar fatal cuando se despierte y no haya ningún genocida remoto a quien imputar y se dé cuenta de es tan inútil como la estatua de cera de Marichalar. Le veo en un banco de su pueblo arrojando migas de pan a las palomas frente a una oficina del Banco Santander y añorando con nostalgia los tiempos en los que intercambiaba correspondencia con Botín.

elmundo.es

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