Los relatos raros de Jesus

 

Los relatos raros de Jesus
Enric J. Abad

Algunas leyendas son tonterías, ya lo demuestra la ciencia.

Había una vez un niño, que vivía en lo alto de una cucaracha de colores. Un buen día, la cucaracha murió y el niño se quedó sin hogar, por lo que se alquiló un ático en la mejor zona de Madrid.

Su casero, era un señor con cara de sapo, gordo y con bigote color caca. También tenía los ojos algo desencajados, como si constantemente, estuviese viendo un fantasma. Tenía una melena que llegaba al primer piso cuando éste se encontraba en el quinto. Una melena” algo larga”, según los vecinos y los transeúntes, que constantemente, se tropezaban con ese mogollón de pelos, mientras paseaban por los alrededores por donde transitaba éste caballero melenudo.

Un día, mientras éste señor con melena de tres siglos, comía en un restaurante chino mandarín, llamado “Chino Mandarín”, vio en su plato sopero, una especie de microchip con forma de patata acolchada: llamó al camarero de un modo agradable:”¡camarerito guapo!” y le dijo de un modo aún mas delicado: “pero…¿que mierda es ésta tío?”. El camarero sin pensárselo dos veces, sacó de su bolsillo, unas monedas, un móvil y así multitud de objetos, hasta encontrar lo que buscaba: una mini sierra portátil con siete velocidades y cortó de raíz la melena del individuo que osaba hablarle de ese modo. A raíz de aquello, ante la pérdida de su melena inmensa, éste hombre sufrió una bajada de “azuquita” y se murió antes de que se diera cuenta de que se estaba muriendo y lo enterraron a pocos metros del cementerio mas cercano, ya que en vida así lo decidió.

Cuenta la leyenda, que enterrar a éste sujeto allí, y que su muerte trágica, tuvieron la culpa de que crecieran allí, margaritas tan raras, que en lugar de pétalos, brotaban de ellas, pelillos con caspa y piojillos muy majos, que a los pocos días, se convertían en enormes cucarachas voladoras, que arrasaban los comercios mientras la ciudad dormía.

Años de investigación, demostraron, que aquellos fenómenos extraños, no eran fruto de ninguna absurda maldición y que la leyenda era una tontería. Se demostró, que las margaritas, contenían unas extrañas sustancias manipuladas genéticamente, a miles de kilómetros de distancia, desde hacía ya muchos años. Esa sustancia, se encontraba en la orina, de un cocodrilo, que todas las tardes, echaba una meadita en aquel terrenito. El cocodrilo, había sido alimentado con leche de cabra. Ésta cabra, era prima de una oveja sueca. La oveja sueca, comía cucarachas en un monte. Las cucarachas, vivían en el monte, porque su dueño, las alimentaba

con “comida para cucarachas de monte, cien por cien natural”. Lamentablemente, de natural no tenía nada, ya que aquella comida de cucarachas de monte, se elaboraba con carne de gusano asmático, manipulado genéticamente a base de altas dosis de radiación estratosférica radial. Era una radiación, en fase de experimentación y no se disponía de permisos municipales ni de documentación, que garantizase que su uso, no era perjudicial. Lo cierto es que aquel producto, contaminó a las cucarachas y éstas contaminaron a su vez a la cabra sueca. La cabra sueca, contaminaría a su prima, la cabra. Ésta, al cocodrilo, que cada vez que meaba, contaminaba aquel terreno, donde crecían las margaritas, creando margaritas mutantes, que como ya dije antes, en lugar de pétalos, brotaban de ellas, pelillos con caspa y piojillos muy majos, que a los pocos días, se convertían en enormes cucarachas voladoras, que arrasaban los comercios mientras la ciudad dormía.

Moraleja.

Cuidadito con las margaritas, que encuentres al lado del cementerio. Pueden ser margaritas mutantes.

Jesús

metaliquilla@yahoo.es

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