La otra revolucion

La otra revolucion

Te invito a pasar del mundo de las emociones al de la razón. El corazón no busca discernir por medio de la argumentación. ¡Siente y ya! Se inclina hacia donde le marca su naturaleza. Manifiesta compasión sin sentir pena por ello… El corazón es así. Noble, arrebatado. Sensitivo. Deja tocar sus fibras por la luz de la bondad como concepto y fluye en un suspiro para moverse adelante. Late, porque intuye que al hacerlo es congruente con la vida. Late por tesonero. A veces agitado. A veces con sus pausas. Pero se mueve, porque sabe su deber. Cuando se agota, no se da por vencido. Mejor morir, que sucumbir. No claudica. Así es el corazón. Digiere malestar, disgustos, sinsabores y traición. El corazón sufre, pero aguanta. Se indigna, pero olvida. Se amarga, aunque el recuerdo bilioso de ese resabio extremo, lo matiza con el dulce de la compasión. Así una y otra vez.

Los mexicanos vivimos acampados eternamente en el terreno del corazón. Somos sólo sentimiento que vacila, entre el deber ser y la realidad. Por eso es que nos burlamos de ella. Hacemos chiste de la tragedia. Tomamos como natural lo monstruoso. De lo grotesco hacemos arte. De lo demoníaco, juguete. Del amor… o triunfo, o mejor la muerte. Nos llena perdonar la injusticia. Ofrecer la otra mejilla cuando se nos veja, roba u ofende. Lo que “El Sistema” nos hace todos los días. Le soltamos un sapo o una mentada a quien abusa de nuestra condición o debilidad. Con la tranquilidad de que el corazón sabrá ocultar los agravios.

Vivir la vida es muy difícil. Hacerla llevadera nos requiere un giro de lo actual. Es hora de cambiar nuestra forma de sentir. Y tiempo de comenzar a pensar. Es hora de desbocarnos hacia una “Revolución del Intelecto”. Ese otro lado de mí. Que me invita a sentir, sí. Pero pasando todo ello al terreno de la razón. Dialogar conmigo. Y después hacer de esto un proceso colectivo. Nos llevará a ser más estrictos con todo lo que nos pasa, o nos deja de pasar. Con eso que deseamos. ¡Qué hermoso! ¡Qué difícil! ¡Qué necesario! ¡Qué valiente!

Haz un ejercicio. Toma la figura de un hombre en actitud de pensamiento. ¿Cómo lo ves?… ¿No se te hace que está, como queriéndose ver por dentro? ¿No crees que haya llegado el tiempo en que así debamos estar?

Una Revolución Intelectual no es un arrebato. Es, más bien, un conjunto de acciones conscientes que llevan a una colectividad a cambiar las cosas a modo de su conveniencia. El hombre, en su hedonismo, procura hacer todo aquello que lo hace sentir bien… no aquello que lo llena. El placer es una cosa, el deber subsidiario otra. Abundan hombres y mujeres deseosos de llegar a tocar el cielo del bienestar. Pocos, los que hacen la escalera para subir hasta el azul.

He convocado a México a festejar 200 años de vida Independiente y 100 de la Revolución, con otra Revolución. No de sangre, balas y paredones. No de obras que llaman a la risa. Sino de tinta, papel e inteligencia. Valor y presencia. Razón y camino.

Admito que somos pocos los que hemos tomado las armas de la mente. A la hora que usted lea estas líneas, 150 mil ciudadanos se habrán sumado a una primera propuesta, de una larga lista de Pequeñoscambios, grandestransformaciones. No solamente no olvidaron el concepto, sino que lo echaron a andar.

Mañana seremos más. Y más en una semana… y así.

Por lo pronto acudiré en unos quince días al Senado de la República con el apoyo de los que se sumaron a decirle a ese poder, que otra revolución ha comenzado.

La Revolución del Intelecto. A todo pueblo debe llegarle el momento de su “ilustración”. Lumiéres en Francia. Enlightment en Inglaterra. Illuminismo en Italia. Aufklarüng en Alemania. Hoy en México. Hombres y mujeres deseosos por mostrar que tienen corazón, pero también cabeza. En aras de luchar por los sentimientos más nobles de la Nación. Los deseos de México. Un pueblo olvidado de la razón.

Abundan hombres y mujeres deseosos de llegar a tocar el cielo del bienestar.

Pedro Ferris de Con/excelsior.com

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