La orgia informatica

La orgia informatica

¿De dónde salió la burrada de que la Internet es un medio democrático? En algún momento de debilidad (mental) todos lo hemos dicho y escrito, con gestito mesiánico, como si la gimnasia y la magnesia fueran lo mismo. La democracia es un sistema para gobernar un Estado, Internet un medio de difusión masiva. No tienen absolutamente nada que ver.

En un sistema democrático un grupo de personas que junta características muy específicas –mayores de dieciocho años, que cumplan con un estándar negociado de racionalidad, sepan leer y no hayan cometido delitos que ameritaran cárcel—elige a un tercero con características todavía más específicas –que no sea nacionalizado, que tenga más de treinta, titulado- para administrar los bienes comunes, regular las actividades públicas y aplicar una violencia razonable contra quienes infligen las normas de comportamiento acordadas por otros funcionarios electos.

En la Internet no sólo no sucede nada de eso, sino que es un espacio esencialmente autocrático: cada quien sube lo que se le da la gana y el que quiera lo ve –no hay honestidad más triste que la del blog que numera sus visitantes.

La democracia es un un método de control, una forma acordada de ordenar, prohibir y castigar. La Internet es un espacio despojado de cualquier forma de la cohesión, la saturnal sin fin en la que todos pueden hacer lo que quieran sin pagar ninguna factura –literalmente una utopía, en el sentido de que ni siquiera ocupa un espacio-. Participar de la parranda virtual, de hecho, implica renunciar momentáneamente al acuerdo democrático porque el internauta tiene todos los derechos y ninguna obligación: es un niño –un “idiota”, decían los griegos para referirse a los que habían decidido sustraerse de sus obligaciones. Véanse si no las entradas de los lectores debajo de los artículos (con lectores) de la versión electrónica de éste periódico. Algunas son razonables y otras no, pero como ha dicho Nicolás Alvarado, el que participa en los foros no tiene que someterse ni siquiera a esa forma mínima de la normativa –y la cordialidad- que es la gramática.

La democracia es inclusiva y tautológica: para ser un ciudadano basta con serlo. La Internet es exclusiva: para ser un internauta hay que tener acceso a una computadora, gozar del rango de educación y fogueo cultural que permita ser usuario, leer y escribir en una lengua dominante –si sólo hablo huichol, estoy jodido–, pagar directamente por un servicio. Aún así, la democracia es necesariamente discriminatoria –si soy retardado no puedo votar y punto—, mientras que la internet es meritocrática –si aprendo español y gano dinero, puedo participar—: está hecha para el que se las arregle y junte los medios necesarios para utilizarla.

Hay que aclarar aquí una cuestión de ética: las cosas, para ser un valor, no tienen que ser necesariamente democráticas –sospecho que alcanzar un régimen electoral funcional nos costó tanto, que se entiende que queramos que todo lo bueno sea votado. La internet es muchas cosas: es liberadora, es buena onda, es educativa y mueve información a una velocidad que resulta saludable para los votantes cuyos derechos están en peligro de ser arrasados –los ciudadanos de Venezuela, Irán, China o hasta Puebla y Oaxaca estarían peor sin la red-; es guerrillera y punk; divertida, sobre todo: popular y populachera, pero no es democrática. No sólo eso, es antidemocrática en la medida en que su condición de existencia es, precisamente, que es el único mecanismo social que funciona por oposición a las decisiones colegiadas: el espacio de opinión pública virtual de las revistas y periódicos –cuerpos colegiados si los hay- sólo funciona si las reglas de participación son tan laxas que harían imposible la existencia del medio que lo sustenta.

Lo democrático es siempre macro -un sistema de estándares generales-, Internet es el reino de lo micro: cada blog es una empresa editorial de un solo hombre, que lo más probable es que sea también su único lector. La democracia no tiene contenido; su supervivencia depende de que sea una estructura fija. La internet es puro contenido y funciona gracias a su capacidad para violar cualquier estructura que no sea caótica.

Alvaro Enrique/eluniversal.com

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