Falta de aire

Falta de aire

LA SUSPENSIÓN DE RCTV y de otros cinco canales de televisión por cable en Venezuela no consigue todavía matar la prensa libre. La deja herida de muerte. Con esa medida Hugo Chávez Frías saca del aire una visión de la realidad nacional que él quiere ocultar y, de paso, le pone una pistola montada en la cabeza a los dueños y a los ejecutivos de las empresas periodísticas que sobreviven.

Las protestas populares y los choques violentos de los estudiantes, periodistas y otros grupos de ciudadanos, con brigadas chavistas y fuerzas de la policía, parece que serán la reacciones más rotundas ante la nueva avanzada hacia la ceguera que tiene prevista ese país en el programa del Gobierno.

El batacazo a la libertad de prensa, dado con un bate de béisbol envuelto en papel de estraza, ha recibido las respuestas automáticas de algunos organismos internacionales. Son los modelos típicos que se rellenan en estos casos. Piezas anodinas que muestran, como siempre, preocupación e inquietud, así como la mejor disposición a intervenir con buena voluntad para colaborar con la reconciliación de la sociedad venezolana, etc.

Demagogia impura, retórica para disfrazar la indiferencia. Como si no supiéramos que esa palabrería no es el arma del crimen, pero puede ser la voz de un encubridor que borra una huella o el testigo presencial que, a la hora de los mameyes, dice que estaba embelesado con las estrellas.

Habrá sitios aún -cada día más pequeños y esquinados- para que se conozcan las notas de las instituciones que realmente defienden la libertad de prensa. Nada más que en los medios, publicados con la misma resignación que uno se toma un analgésico, porque los líderes revolucionarios, sus funcionarios y sus pajes, no pierden el tiempo en la lectura de textos que redacte el enemigo.

América Latina, una región que desea y necesita libertad y progreso, tiene que sentir un estremecimiento general ante la frialdad o la apatía con que se han recibido en el vecindario las noticias de la minuciosa y bárbara tarea de aniquilar el periodismo en Venezuela.

Se puede tocar a abulia de los jefes vecinos y escuchar el silencio total a la vista de una agresión que los disminuye a todos.

Con la incongruencia añadida de que el Gobierno bolivariano debía cerrar un diario donde un periodista escribiera esto: «El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades».

No importa que lo firmara un tal Simón Bolívar.

Raul Rivero

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