Cuando todo falle

Cuando todo falle, consulte el instructivo. Pocas cosas definen tan bien la cultura mexicana como este aforismo, seguramente concebido por un sabio de cantina, pero como nunca lo patentó quedó en el anonimato y ahora es propiedad de la nación: la tierra es de quien la trabaja y la frase de quien la repite. En Ciudad Juárez las cosas no podían ir peor, todo estaba saliendo mal y no quedó más que consultar el instructivo, hacer lo que se ha hecho en otros países y está saliendo bien: apostar por estrategias de reconstrucción de tejido social.

Cuando todo falle

El problema de Ciudad Juárez no es el narcotráfico, sino lo que éste ha generado. Entendámonos. No es el tráfico de drogas lo que mata a una ciudad, sino la ola de descomposición que lleva a su alrededor. El narco se comporta en una sociedad tal como un retrovirus en el cuerpo humano. El problema del VIH no es el virus en sí mismo, sino lo que provoca: un síndrome de inmunodeficiencia. En pocas palabras, elimina las defensas y el paciente termina por morirse de cualquier cosa. Cualquier otro mortal que no tenga ese virus se defendería solo de la enfermedad. El narco aniquila las defensas de una sociedad porque lo primero que ataca son las instituciones del Estado, acaba con sus defensas, es decir el monopolio del cobro de impuestos y del uso legítimo de la violencia. Destruidas las defensas del Estado todo puede pasar, extorsiones, asesinatos, secuestros. En Juárez ya pasó todo y sigue pasando.

La primera estrategia del gobierno federal en Juárez fue aniquilar a la policía. Fue una medida correcta desde el punto de vista de jurídico, pero inútil desde el punto de vista social. Cambiaron a tres mil policías por 16 mil agentes entre soldados y agentes federales. Sin duda los tres mil policías estaban corrompidos y puestos con los narcos, porque era la única forma de sobrevivir en ese medio. Pero al borrar a la policía aniquilaron también al municipio. La paradoja de la batalla contra el narco es que ésta ha provocado un debilitamiento institucional de los gobiernos estatales y municipales que son los que, según el instructivo, tienen que cerrar la pinza. Vamos por partes.

El narco genera estructuras de poder, economía y cultura. La estructura de poder se basa principalmente en el control de los cuerpos de seguridad y justicia. El exceso de flujos del narco termina por controlar la economía de una ciudad: comienza en las cosas más sencillas, un tendejón o una peluquería y termina por controlar el mercado inmobiliario y el sistema financiero formal o informal. Finalmente se instala como cultura: impone su manera de ver el mundo, su música, su diversión, su lenguaje, etcétera. En Ciudad Juárez, después de prácticamente dos generaciones, el narco ha terminado por imponer sus lógicas. Los jóvenes tienen como futuro casi único, cercano y prometedor, al narco. Hay más de 15 mil jóvenes organizados en pandillas que son las fuerzas básicas de los carteles que se disputan la plaza. Los Aztecas, los Mexicles y los Artistas Asesinos se han ido adueñando del robo de autos, de la extorsión y de las tareas de distribución de droga en Juárez, pero sobre todo se han adueñado del imaginario de futuro de una generación que no tienen otra salida, porque la vía institucional está quebrada.

El mejor ejemplo al que puede voltear Ciudad Juárez se llama Medellín, Colombia. Esa ciudad vivió algo muy similar a lo que está pasando en el antiguo Paso del Norte y logró darle la vuelta en un periodo de diez años a la descomposición social. No se puede decir que el problema esté resuelto, pero sí hay una mejora continua. Medellín pasó de un índice de más de 300 muertes violentas por cada 100 mil habitantes a 73 en el año pasado (Ciudad Juárez está en 180) con políticas de integración: inversión en espacio público, en educación y programas de desarrollo social.

La diferencia fundamental, y es ahí donde hay que echar la lupa en este proceso que comienza en Juárez, es que mientras las instituciones municipales de Colombia tienen una gran fortaleza el municipio en México es una institución debilitada y burocratizada. Medellín destina 65 por ciento de su presupuesto a la inversión pública, Juárez lo destina a burocracia. Si el gobierno federal no tiene claro que el proceso pasa por el fortalecimiento del municipio el problema le seguirá reventado en la cara.

El cambio de estrategia del gobierno federal es sin duda una buena noticia. Estaba en el instructivo: la experiencia internacional dice que este es el mejor camino, pero es largo, tortuoso y está lleno de baches. Esta es la única forma de atacar al virus y no solo a sus manifestaciones, pero hay que olvidarnos de resultados inmediatos y efectistas. Este camino no da para hacer anuncios de televisión.

Hoy Juárez tiene futuro; el presente seguirá siendo doloroso.

Diego Petersen Farah es analista político.

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