Cuando luchar no alcanza

Cuando luchar no alcanza

Territorio de campeones, un torneo emancipado del régimen dominical de futbol. La Champions se pone seria, los octavos de final son la bisagra de una copa con herrajes de acero y chapa de plata. Una fase sin bromistas, apenas hay hueco para trucos y sorpresas. Jugadas familiares del Chelito Delgado, pariente lejano del Cruz Azul, un equipo enfermo de muerte, anémico de magia. Con Cristiano envuelto en celofán y Kaká acartonado, El Chelito desenvolvió el desparpajo; un taconazo, dos trompos, tres bicicletas y un tirachinas al poste. En 45 minutos al Madrid le dio un quitarrisas. Arrancando el segundo, se le oxidaron los millones, le rechinaron los euros, le exigieron propina. Un tal Makoun, exótico forastero, atornilló una bola en el rincón más impúdico para un portero, 1-0 al ángulo. El Lyon redactaba en nieve la última crónica de Narnia.

Sucedía esto mientras Ronaldinho y Beckham apolillan Milán; el Manchester de Rooney, un recio delantero con gesto de leñador, serruchaba el púlpito de San Siro; un santo colosal, pero vetusto. Hoy juega el Barsa, en estado insalubre y aparente descomposición. El único remedio lo tiene en casa, se trata de la receta de la abuela. Once kilos de cantera y media cucharada de futbol. Guardiola está vacunado contra la miseria, en su plan de juego hasta perder parece sano.

Así las cosas, una tarde y otra noche más de Champions. No es por la copa, es por ella; que todavía existen capitanes del alma y luchadores con armadura de promesa inoxidable. Hoy parece complicado ganar su corazón, pero esta noche hay que ser valiente. Porque entre un día perfecto y otro inolvidable, siempre está ella. Eso la vuelve única para mantener la promesa muchas noches más, como el campeón que ella merece.

Jose Ramon Fernandez G, de Quevedo/mileniodiario

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