Con acrilico

Con acrilico

La lectura de la noticia estremece: «La “Generalitat” obliga a delatar a quienes no rotulen en catalán». Cataluña, sin ser Estado, es ya un Estado policial. Se invita a la ciudadanía  a poner en conocimiento de la autoridad la exposición de rótulos o carteles en español en empresas y comercios establecidos en una zona de España. El siguiente paso –no tan lejano– será el de señalar con pintura a las empresas y comercios que no rotulen en catalán. Posteriormente la pintura se expondrá en las espaldas de los denunciados. No hay que ser original. En Alemania se hizo con los judíos.
Antonio Mingote, que también es un excepcional pintor, se ha pasado del óleo al acrílico. La lucha del aceite con el agua. Mingote nunca se estanca, y busca la renovación constante de su arte, que siempre alcanza y culmina. Según tengo entendido, la pintura acrílica atesora una virtud de la que no puede presumir el óleo. La inmediatez de la plasmación. Queda fija y seca en pocos minutos, en tanto que el óleo necesita de un tiempo más sosegado para establecerse definitivamente en el lienzo.
Ignoro, y eso lo tendrán que determinar los médicos especializados en la piel, los dermatólogos, qué componente resulta más irritante en la epidermis humana. Los nazis marcaban a los judíos con una pintura basta imposible de eliminar, tanto de la ropa como de la piel. Para mí, que si las cosas continúan al ritmo que llevan, los comisarios políticos de la Generalidad habrían de demostrar su respeto por los Derechos Humanos de los recalcitrantes españolistas, señalándolos con pintura acrílica, que por su alto porcentaje de agua, intuyo menos desagradable instalada en la piel que la pintura al óleo, e incluso que la acuarela. Pero mi falta de conocimientos en la artesanía pictórica, antesala del arte, no me recomienda la seguridad en mi proposición. Quizá, lo más conveniente sería pintar en las espaldas y los brazos de los comerciantes y empresarios que insisten en rotular en español en una comunidad española, con pintura al «gotelé». Quedaría más mono. Pero insisto en mi ignorancia técnica. ¿Se afirmaría el «gotelé» en un brazo abudante de pelos, es decir, de frondosidad pilosa, o en una chaqueta de franela? Creo que la elección del material denunciante es fundamental para el éxito del proyecto. Los nazis no fallaban con los judíos. Judío que señalaban, judío que se quedaba con la pintura puesta el resto de su vida. Y cuando lo hacían en las puertas de los comercios o las viviendas de los semitas, no existía la posibilidad de borrarla.
En Cuba, todos los ciudadanos tienen el deber de poner en conocimiento de la policía la mínima sospecha de actividad antirrevolucionaria de un vecino, un conocido e, incluso, un pariente desleal al castrismo. Y ha funcionado durante décadas perfectamente. Prueba de ello es el éxito de convocatoria de personal poco entusiasta en las cárceles cubanas, que se han quedado pequeñas para albergar a tantos denunciados. En Cataluña no podría darse un sistema de represión parecido, por cuanto la Constitución Española de 1978, todavía vigente allí hasta que el Tribunal Constitucional determine lo contrario, prohíbe ese tipo de usos. No obstante, mejor estar preparados para cuando la Generalidad obligue no sólo a denunciar el insoportable uso del español, sino a marcar a los recalcitrantes «enemigos» de Cataluña. Y en ese caso, el acrílico sería lo más progresista y solidario.

Alfonso Usia/larazondigital

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