Atrapado por las inundaciones

Atrapado por las inundaciones

Estoy hasta el gorro de vivir en un país que no funciona. Usted lo acaba de ver: inundaciones, apagones, balazos, derrumbes, embotellamientos, epidemias.

Y que no nos salgan con el viejo truco de que estamos viviendo circunstancias atípicas, porque para algo existe la planeación.

Si desde hace 10, 50, 90 o 200 años no llovía así, ése no es nuestro problema. Para eso tenemos autoridad, para eso nos ponemos en manos de un gobierno, para eso pagamos impuestos.

Y parte de ser autoridad, parte de ser gobierno y parte de embolsarse nuestros impuestos consiste en estar preparado para todo, desde el peor de los terremotos hasta la más intensa de las sequías.

¿Dónde estuvo la planeación de nuestras cabezas para enfrentar esta emergencia?

Yo escuché por la radio nacional en uno de los noticiarios más prestigiosos de todo México a un especialista en cuestiones climatológicas anunciar, desde hace varias semanas, que iba a llover como llovió.

Y si lo escuché yo, lo pudo haber escuchado el gobierno que, además, tiene monitores revisando todo lo que se dice en todos los medios de comunicación.

¿Por qué no se tomaron precauciones? ¿Por qué no se alertó a la población? ¡Por qué!

No sé usted, pero yo estoy harto de esto porque atípico o no atípico, todos los años, algún rincón de México se inunda y varios hasta varias veces.

No hay año en que no se inunde la carretera México-Puebla. No hay año en que no se desborden los ríos de aguas negras del Distrito Federal.

Ya, el colmo, no hay lluvia con la que no se inunden las arterias más importantes de la capital de este país, incluyendo su flamante aeropuerto.

¿Por qué nadie hace nada por arreglar eso? ¿Por qué los representantes del gobierno de un partido le avientan la bolita a los de los gobiernos de otros y viceversa en lugar de ponerse a trabajar?

Porque esto no es un fenómeno exclusivo del Distrito Federal. ¿Qué me dice de los estados? No es posible que la República Mexicana, entera, no esté preparada para nada.

Y esto es sólo en cuestión de inundaciones. ¿A usted no se le fue la luz en estos días? A mí sí y no fue la primera vez. En lo que va del año, he estado días enteros sin electricidad y lo más escandaloso es que nadie me puede explicar nada.

Uno llama al número de emergencias y, cuando le contestan, lo único que los operadores hacen es saludar y tomar el reporte.

Es imposible que digan por qué no hay electricidad, dónde estuvo el problema, cuántas horas van a tardar en repararlo o algo medianamente profesional.

Recibir electricidad se ha convertido en una suerte de milagro donde las familias rezan para que la luz no se les vaya como si se tratara de una fuerza divina y no de un servicio carísimo que todos pagamos cada dos meses.

Hablemos de agua. ¿Usted tiene agua las 24 horas del día? Oiga pues qué suerte tiene, porque eso ya no es lo “típico”.

Y a ver, ¿quién mueve un dedo para proveer de agua potable a la población? ¿Quién hace algo más que hablar y decir cosas tan payasas como que en Australia las casas están preparadas para almacenar el agua de las lluvias?

A mí qué me importa si en Sydney las casas son ecológicas o de cartón. A mí me importan las casas de aquí y discutir lo que sucede en otros países no me ayuda en nada a lavar mi baño.

No y ni nos metamos con las partes de seguridad o de vialidad, porque entonces sí lloramos. Nuestros diferentes niveles de gobierno siempre tienen un pretexto para justificar lo que estamos sufriendo, pero ninguna solución.

Es como si esperaran que todos no agarráramos a balazos o que nos fuéramos de México para empezar a componer las cosas. Esto ya es insoportable y no va a acabar bien.

Qué bueno que nuestros partidos políticos y que todos los involucrados en gobernar este país estén preocupados por aliarse, por pelearse, por retener el poder o por obtenerlo.

Qué sensacional que luchen por hacer grandes reformas en lo político y en lo económico, pero como que ya va siendo hora de que se bajen de su nube y recuerden que lo que verdaderamente importa está acá abajo.

De nada nos sirve una alianza entre partidos si nos inundamos cada vez que llueve. De nada nos sirve una reforma si no tenemos agua ni luz.

De nada nos sirve un monumento al bicentenario si ni siquiera podemos llegar a tiempo a trabajar. ¿O usted qué opina?.

Alvaro Cueva/mileniodiario

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