A mi perro solo le pego yo

A mi perro solo le pego yo

El día que las figuras públicas, léaste políticos, actores y actrices, cantantes y entrenadores nacionales, entiendan que el pez muere por la boca, el mundo será más armónico, pero además cualquiera que venga o hable de México debe entender que en el país, el hecho de hablar en diminutivo y cantadito es una señal de que al mexicano le gusta que le hablen bonito y que el derecho a la libertad de expresión está garantizado mientras no se diga en voz alta lo que se piensa.

“Me pasas el vasito” “sería tan amable de pasarme el periódico”, “disculpe, ¿usted me podría indicar dónde queda…?” “¿lo molesto si me pasa la sal?” “No se dice ´qué´, se dice ´mande´”, “la fiesta se hizo en mi casa, que también es la tuya” o “la fiesta se hizo en tu casa” (comprendiéndose que no se refiere a la casa de uno, sino a la de él, por lo que debe añadirse un cordial ‘gracias’ inmediatamente después de la frase y antes de que el otro continúe), son frases en mexicano.

Si los políticos y funcionarios mexicanos aprendieran el tono colombiano para hablar todo sería más fácil para ellos, si en lugar de haber dicho “México vive el impacto de la peor contracción registrada en el mundo y dejará de recibir 370 mil millones de pesos de ingresos, por lo que habrá un aumento en los impuestos” el ex Secretario de Hacienda hubiera dicho con tono del presidente Álvaro Uribe, “A pesar de que todos llevamos años con el mico al hombro y que ahora quedaremos como cotudo con paperas, ahora tenemos que ponernos muy juiciositos a pagar más impuestos”, seguro se hubiera aprobado la reforma fiscal tal como se propuso.

Pero no, resulta que un día un cantante italiano dice que las mujeres mexicanas, salvo Salma Hayek, son feas y bigotonas y aunque el fraude de Depilité las haya dejado así, arde Troya, hay desgarramiento masivo de vestiduras y exigen su cuerpo para quemarlo en leña verde durante un aquelarre. Cuando las cantantes españolas Mónica Naranjo y Rosana supuestamente hicieron comentarios despectivos una hacia la música y la otra hacia comida mexicana, se les aplica la ley del paredón, no se sabe a ciencia cierta que dijeron pero de cualquier manera no se tolera (“si no lo dijiste, imagínate lo que te hubiera pasado si lo hubieras dicho”)

Y para añadirlo a la lista, esta semana el encargado de armar la selección nacional, Javier Aguirre, señaló durante una entrevista en España que la selección no debe aspirar a estar entre los mejores del mundo porque su lugar ha estado entre el 10 y el 15 y que después del Mundial espera regresar a España porque México “está jodido” por la inseguridad.

Para muchos, lo que dijo fue un sacrilegio, primero porque el fútbol es un tema más importante que las muertas de Juárez o el aumento en el IVA y segundo porque se le ocurrió destapar en Europa lo que estaba tan escondido en México y que como nadie se había dado cuenta de lo que se vivía el país, ahora todo el mundo se iba a enterar. Además seguramente le van a achacar que los jugadores de la selección, que siempre han tenido mente ganadora, se desmotivaron.

El señor Aguirre debe aprender que de entrada en México la moda es el miedo. Si no se tiene miedo entonces se es uno de los malos. Las calles cerradas, los guardias privados en zonas exclusivas, los guaruras detrás de los carros de lujo, es lo “in”, un mexicano del bicentenario necesita un par de guarros, gordos, prietos y mal encarados para sentirse patriota.

También debería enterarse de que según el gobierno federal los narcos van perdiendo la batalla; que los levantones no son secuestros, sino una estrategia de la Secretaría de Turismo para fomentar el turismo interno. En México no es que esté Ciudad Juárez tan mal, lo que pasa es que queda muy lejos.

Por eso, el VascoAguirre no debe olvidar que la ropa sucia se lava en casa. Eso sí, la piel delgada de los mexicanos sólo se da cuando las declaraciones provienen de extranjeros o mexicanos que viven en el extranjero, los de casa sí pueden actuar contra México como les venga en gana, porque total “a mi perro sólo le pego yo”.

Vianey Esquinca/la inmaculada percepcion/mileniodiario

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