Unos 13.000

beatty_and_dunaway

A tenor de su precisión numérica, más que armado de una pasión achicharrante, parece que, en sus visitas a la alcoba,  Warren Beatty ha ido toda la vida equipado con un bolígrafo y un cuaderno donde anotar sus 12.775 cópulas. Es un híbrido perfecto: mitad amante, mitad contable. Y decimos «alcoba» por acotación, pero habría que ampliar a parking público de la Castellana, bodega de mansión holllywoodiense, desierto del Gobi, azotea de un bloque de Triana, piscina pública de Valverde del Camino, Casino de Madrid, limusinas, seiscientos, 127’s, 1450’s, … Hay enigmas que hacen que el mundo todavía siga rodando;  uno es que en los años de vida de este andoba, todavía exista gente que  no se lo haya encontrado, en día soleado o lluvioso, en otoño o en primavera, en lugar público o privado,  jode que jode.
El Don Juan es un mito apesadumbrado que seduce a todo el universo femenino para demostrar su tentación pecaminosa. La fanfarrona estela de Beatty está más en consonancia con Casanova, quien teniendo como único motivo de vida coleccionar febrilmente amantes ocasionales,  desistió en hacer distingos entre   oscuros jergones, los cuerpos más sucios, las damas más elegantes o aquella vieja corcovada a la que conoció sólo por saber cómo resultaría la geometría corporal que sumaba su cuerpo con el de ella.  En su declive físico, como hizo Giacomo en sus memorias, a Beatty sólo le queda hacer cuentas, un balance de fulgores que, a diferencia de los amantes verdaderos, reduce a un envidiable listín telefónico de damas y a una estadística. El sexo sólo llega a la esfera pública en este plan, como rosario de machadas, pero a partir de las relaciones íntimas se podrían descubrir, como en el caso de Beatty, cómo son muchos de los hombres que nos gobiernan.

Paco Reyero

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