Un Papa y Ali Agca

Un Papa y Ali Agca

EL VENDIDO que le pegó un tiro a Juan Pablo II y la propia víctima tenían algo en común: los dos eran megalómanos. El Papa, convencido de que aquel tiro representaba la tercera profecía de Fátima (Juan XXII prefirió difuminarlas), estuvo a punto de ser apuñalado por ir a dar las gracias. Y ahora, después de 30 años, sale Ali Agca de la cárcel por peteneras. Convoca a la prensa en el Sheraton de Ankara y se autoproclama Cristo eterno, Mesías, (de los hebreos, supongo) y profeta que anuncia el fin del mundo: no sé si en general, cosa lógica, o de inmediato, lo que solucionaría definitivamente bastantes pesadillas. Por descontado, es una operación monetaria que dirige un hábil negociante. Se cobrarán millones por entrevista -más supongo cuanto más se afine el finis terrae-, por la comunicación de la Biblia verdadera (¡leer otra vez el Libro de los Macabeos, por aligerado que esté, no!) y por aclarar el laberinto original del fallido atentado. El Papa actual no consentirá que pida perdón a nadie; por lo menos en el Vaticano. Quizá salvo una limosna de arrepentimiento. Dependerá de su tamaño.

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