Sacar bien del mal

Sacar bien del mal

ES DURO y parece una inconsecuencia. Pero de esta crisis económica debiéramos aprender algo más de lo que el capital y sus secuaces aprendieron de la del 29: mayor generosidad para los menos dotados, el límite en que la ambición rompe el saco, unos caminos nuevos de la confianza y la desconfianza, un palmetazo que nos conduzca en una dirección menos pecuniaria, más humana, y en un nuevo sentido de la felicidad si creemos en ella. Quien no haga examen de conciencia de este trompazo y de sus causas; quien no desconfíe de quien debe y confraternice con quienes sufren igual que él, ante banqueros y financieros y políticos, no merece la pena y no aprenderá nunca a protegerse. Las enseñanzas de la rica Dubai, inventora de islas y de torres, abierta a los derroches de Occidente, que ahora debe subsistir con fondos públicos de los mismos países que explotaba, son significativas. La Humanidad confía en sus propios ladrones, en lugar de confraternizar con los robados y hacer espaldas con ellos. De aquellos pecados son estas penitencias. ¿Y no escarmentaremos?

Antonio Gala/elmundo.es

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