Neta,¿quieren que renuncie Calderon?

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Cinco kilos después, que se recrean en los depósitos adiposos de mi esbelta cintura, y con los niveles de triglicéridos y colesterol con las alarmas encendidas, me declaro dudoso sobreviviente de las fiestas decembrinas, pero nunca lo suficientemente estupefacto ante las manifestaciones del resentimiento social por parte de aquellos mexicanos que, atormentados por los humos del alcohol y el humo del cigarrillo que los hace llorar, no saben apreciar lo que es bueno.

Es una tristeza que, a pesar de la sobredosis de pavo, romeritos, pierna, espagueti y ensalada de manzana, muchos de nuestros compatriotas recurren a todos los medios posibles para exigir la renuncia de Jelipillo Calderón. Ahora mismo, en Facebook y Twitter se recaban firmas con este malsano propósito que habla muy mal de un país que está echando por la borda una de sus características más emblemáticas: el estoicismo. Tantos años demostrando que, a pesar de las peores crisis sexenales recetadas por el PRIcámbrico temprano, la mexicaniza tenía olímpica capacidad de resistencia, como para venir a ponerse histéricos por un triste catarrito recesivo diagnosticado por el trukulento doktor Karstenstein. Increíble que después de 70 años de aguantar los desmadejados atracos económicos del tricolor, nuestros compatriotas vengan a echar el bofe por el milagro calderónico de la multiplicación de los impuestos y terror inflacionario que lo acompaña.

Uno pensaría que estamos lo suficientemente curtidos en materia de hecatombes financieras como para que los pálidos desmadres blanquiazules nos pusieran todos neuroticotes. Chale, en vez de alegrarse por las maravillas de la guerra contra el narco que es como un Vietnam con folclórico glamour, o disfrutar de los operativos contra los Beltrán Leyva (¿Y El Chapo, apá?), o gozar como enanos la aparición de nuevos grupos de rijosos de tendencias anárquicas, que se suman a las organizaciones guerrilleras y criminales que le dan alegría a nuestras aburridas y tristes existencias, con sus manifestaciones hiperviolentas, hay connacionales que todavía se ponen sus moños y se amarran su calzón.

Además, ¿qué se ganaría con la renuncia de Calderón? Por principio, un relajito ahí deschistado que sería un mala imitación del gran ejercicio democrático de Iztapalapa. Ahora que la propuesta tendría sentido si, para sustituir al autodenominado Hijo Desobediente, entrara al quite el gran Juanito, quién, sin duda, no lo podría hacer peor.

¡Alegraos! Como van las cosas, seguro nos subrogan el 2010.

Jairo Calixto Albarran/mileniodiario

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