Misa en la calle

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SUPONGO que son los dones del Espíritu Santo quienes mantienen informada a la jerarquía eclesiástica (cuanto más alta, más) de qué sea la familia, qué la sexualidad, qué el aborto y qué la eutanasia. O quizá se contentan con la dureza de su corazón, y algún escarceo amoroso, con menores preferiblemente, que acaban arruinando púlpitos y parroquias. ¿Cómo puede decirse que no hay más modelo de familia que «el normal, tal como viene dado al hombre desde el principio de la creación»? (Dale en la mitra, Darwin.) ¿Con qué experiencia hablan de «la relación inquebrantable entre el amor conyugal y la transmisión de la vida»? (Dale en la mitra, Rota romana.) ¿Cómo se puede hablar de la «muerte de un inocente» en el aborto, después de haber matado, quemado, violado a diestro y a siniestro y consentido la pena de muerte? (Dale en la mitra, Torquemada; dale tú, Pinochet.) ¿Cuántos fetos ha matado la Iglesia, a través de quienes se atuvieron a sus preceptos? (Dadle en la mitra, conventos de clausura.) No se preocupen: los niños que le faltan a Europa se multiplicarán en África, engañada por el Papa, que ignora para qué sirven los condones: la mujer aquí está fuera de cacho.

Antonio gala/elmundo.es

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