Microrelato

Microrelato

SOBRE LA AUTOCENSURA

Cuando caperucita roja llegó con la merienda, el lobo ya se había comido a la abuela. Por eso al acercarse a la cama la encontró tan cambiada.
—Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes! —le dijo.
—Son para verte mejor —dijo el lobo, con voz de anciana pachucha.
—Abuelita, abuelita, ¡¡qué orejas tan grandes tienes!! —dijo caperucita.
—Son para oírte mejor —dijo el lobo, calándose el gorrito de la abuelita.
Ya se relamía el lobo feroz los dientes afilados cuando dijo caperucita:
—Abuelita abuelita, ¡¡¡menuda polla que tienes!!!
Y quién sabe si de la sorpresa o por darle al título motivo el lobo se mordió la lengua.

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