Los nuevos malos

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Las películas de Hollywood han recurrido a la vieja fórmula de la lucha del bien contra el mal. Los malos han sido parte fundamental de la industria cinematográfica. Antes era muy fácil: los héroes eran ellos, los estadunidenses, y los villanos sus enemigos históricos.

En el mundo de los malos estuvieron, por supuesto, los nazis. Quién no recuerda la memorable frase de Indiana Jones al encontrarse con ellos: “Nazis, odio estos a estos tipos”. También estuvieron, durante mucho tiempo, los comunistas soviéticos. Sin embargo, con la lejanía de la Segunda Guerra Mundial y la caída del Muro del Berlín se complicó encarnar el mal en los nazis o en los soviéticos en las películas de Hollywood.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, uno hubiera esperado la aparición de muchas películas donde los nuevos malos fueran terroristas, en particular fundamentalistas islámicos. No ha sido así. Hollywood ha evitado este tema con el fin de proteger a la minoría musulmana estadunidense, minoría que sistemáticamente ha condenado cualquier película donde los malos han sido extremistas musulmanes, como True Lies (1994) o Rules of Engagement (2000).

Ante la escasez de nuevos malos, Hollywood ha recurrido, por increíble que parezca, a ellos mismos, es decir, a las grandes corporaciones del capitalismo mundial. En 2008, por ejemplo, Walt Disney lanzó WALL-E, una joya cinematográfica donde el malo es la poderosa corporación multinacional Buy N Large, compañía que destruyó el medio ambiente en la Tierra y que tiene a los humanos viviendo en gigantescas naves operadas por robots. La gente es una especie de ganado consumista; un grupo de gordos estúpidos, que nunca se paran de su asiento, que todo el día están viendo la televisión y, por supuesto, consumiendo los productos de la “malvada” corporación internacional.

Estas vacaciones de fin de año, Avatar fue la película que causó sensación. Se trata de otra historia donde el malo es una corporación empresarial. Los humanos han llegado al planeta Pandora habitado por los Na’vi. El objetivo de los terrícolas es explotar una nueva materia prima muy rentable. Para ello tienen que destruir el fantástico medio ambiente donde residen los carismáticos Na’vi. Al frente de la misión destructiva está una corporación que, como dice su jefe, tiene que rendirles cuentas a sus accionistas. Para producir la materia prima y generar valor económico, la compañía envía grupos paramilitares a destruir a la población nativa y todo el medio ambiente a su alrededor.

El estudio productor de Avatar es nada menos y nada más que Twentieth Century-Fox, una división de News Corporation, empresa con un valor aproximado de 44 mil millones de dólares con operaciones en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina. News Corp. es propietaria de canales de televisión, sistemas televisivos de paga, periódicos, revistas, agencias noticiosas, editoriales, medios digitales y servicios de telefonía móvil. Su principal accionista es Rupert Murdoch, uno de los empresarios más ricos del mundo, gran creyente de la economía de libre mercado. Precisamente uno de los canales de News Corp. es Fox-News, medio ideológico que siempre se pone del lado de las empresas en contra de cualquier intervención del Estado como, por ejemplo, imponer reglas para proteger al medio ambiente.

Resulta paradójico que Disney y Fox ubiquen a las corporaciones multinacionales como los nuevos malos en las películas. Se trata de otra belleza más del sistema capitalista: a fin de que los accionistas de una empresa hagan dinero, esta empresa critica a las compañías que también están en el negocio de hacer dinero. ¡Qué maravilla!

Resulta paradójico que Disney y Fox ubiquen a las multinacionales ahora como los enemigos.

Leo Zuckermann/excelsior.com

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