La vuelta de Lombroso

La vuelta de Lombroso

El criminólogo italiano Cesare Lombroso creía que los delincuentes tenían unos rasgos específicos que los delataban.

Lombroso se pasó toda su vida, estudiando las mandíbulas, las cejas y las orejas de los criminales para obtener una tipología de los malvados.

La idea de que el mal o el carácter se refleja en la cara ha pasado a ser un prejuicio ampliamente compartido. No hay más que ver los retratos robots que hace el FBI para darse cuenta de que el lombrosianismo ha resucitado.

Gaspar Llamazares es una víctima de este prejuicio porque nadie se puede creer que el FBI haya elegido por casualidad sus rasgos para representar a Osama bin Laden.

El FBI tenía fichado a Llamazares por el ex líder de IU y por sus posiciones antiamericanas y esa es la razón por la que ha identificado sus rasgos con los del terrorista saudí. Si Llamazares hubiera militado en el PP, el FBI nunca habría asociado su cara a la de Bin Laden.

Sorprende, por ello, que una organización que cuenta con un presupuesto de miles de millones de dólares funcione en base a los prejuicios lombrosianos, ridiculizados por Freud y cualquier psicoanalista mínimamente perspicaz.

Desgraciadamente, el lombrosianismo empapa nuestra sociedad, que cree a pies juntillas que la cara es el espejo del alma.

Si alquien tiene la mala fortuna de ser moreno, con pelo ensortijado y rasgos árabes, dispone de muchas más posibilidades de ser detenido por la Policía que si es alto, rubio y de ojos azules.

El lombrosianismo también opera al revés, como demuestra el caso de Susan Boyle, que yo denominaría como el síndrome del patito feo.

La gente tiende a apiadarse de una persona que tiene el aspecto de Boyle, dando por supuesto que es desgraciada y que ha tenido una vida llena de sufrimiento.

Boyle canta muy bien, pero jamás habría triunfado en un concurso como el Got talent británico si no fuera por su apariencia física. Si esta mujer hubiera estado dotada de una belleza deslumbrante, habría pasado desapercibida.

El éxito de Boyle se basa en el contraste entre su fealdad y su maravillosa voz. Los espectadores se reían cuando salió al escenario porque esperaban que hiciera el ridículo. Fue la quiebra de esa expectativa la que provocó el triunfo de esta mujer.

Que el patito feo se convierta en un hermoso cisne es lombrosianismo puro porque, al final, el juicio se basa en la mera apariencia.

Creo que la política española está llena de lombrosianismo. La polémica sobre la inmigración está teñida de la filosofía del criminólogo italiano. Y no digamos el nacionalismo, que tiende a clasificar a las personas en base a una serie de rasgos externos. Lombroso encaja muy bien en una sociedad donde todo es espectáculo.

Pedro G. Cuartango/elmundo.es

Deja un comentario