Haiti, el Teo,la iglesia guerrillera y el metodo Ludovico

Haiti, el Teo,la iglesia guerrillera y el metodo Ludovico

La captura de El Teo asombra porque a pesar de los infiltrados en las organizaciones policiacas y de seguridad, se pudo neutralizar a los soplones y mantener el secreto en el sistema de seguridad, en el que el lema es, inspirado en Fabiruchis, “mi pecho no es bodega”. También asombra porque, finalmente, el capo apañado del momento no es de los Beltrán Leyva (parece que en esa familia sólo queda libre un tataranieto), sino que es el brazo derecho de El Chapo Guzmán, a quien podemos recordar como el protagonista de uno de los éxitos cinematográficos del foxiato: Chapitos en fuga. O sea, una de cal por las ocho mil que van de arena, ya se ve más nivelada la cosa. Pero lo que verdaderamente alcanza a superar cualquier expectativa, es que El Teo no sólo era el jefe de El Pozolero, sino que ostenta el record de 600 muertos en su haber, lo cual lo hace, en proporción, casi tan peligroso como el terremoto que acabó, tristemente, con Haití.

Claro que muchos de esos asesinatos se hubieran evitado si en vez de concentrarse únicamente en una narcoguerra vietnametizada, el gobierno calderónico hubiera dedicado el tiempo que le quedara libre a desmantelar los negocios, las lavanderías y hacer una razia de maleantes de cuello blanco. E invertir algo en educación e información, no se diga en la transformación de la cultura de la criminalización de consumidores y adictos, por una rehabilitación sin método Ludovico.

Pero hablando de la tragedia de Puerto Príncipe, entre paréntesis y a manera de nota a pie de plática, les cuento que apareció el que puede ser considerado el Norberto Rivera gringo, Pat Robertson, líder de los teleevangelistas y un ultraconservador de campeonato que podría estar en el staff de colaboradores de Esteban Arce, explicando que en realidad los haitianos están pagando el precio de haberse liado con los demonios del vudú. Apoyado en el método científico, confeccionó un alegato que le habría envidiado Hugo Valdemar, vocero del Arzobispado, donde afirmaba que a pesar de compartir la misma isla, a los dominicanos no les pasó nada por creer en Dios y no en figuras paganas. Yeah!

Como quiera que sea, hay que reconocer que al anunciar que la ley de Dios está por encima de las leyes de los hombres, está chido que cardenales y sacerdotes demuestren algo de rebeldía. Acostumbrados a verla siempre del lado del poder, enarbolando el estado de derecho cual diputados echeverristas, es un alivio que, a pesar de querer regresarnos al siglo XVII, haya en la jerarquía católica una luz de locura guerrillera. Nomás falta que griten “¡Hasta la victoria siempre!”.

Jairo Calixto Albarran/mileniodiario

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