Catolica, apostolica

Catolica, apostolica

HAY QUIEN piensa que la Iglesia atraviesa hoy la crujía más peligrosa durante siglos. Quizá se desgastó. Sus doctrinas sobre familia, sexo, anticonceptivos, embriones, etc., son demasiado frágiles para oídos cada vez más sordos. Políticos católicos, teólogos más o menos marginados no las respetan. Claro, que enrabiarse contra el aborto, y permitir a la vez la pena de muerte o los asesinatos y desapariciones de regímenes filiales, como Argentina o Chile, no hay quien lo trague. Y el Padre Ángel, amigo mío y de los Mensajeros de la paz, afirma que «en el siglo XXI no se debería hablar de excomunión». Y eso no es nada más que peccata minuta ante los dogmas que ella llama fuertes: deidad de Cristo, su resurrección, la concepción inmaculada de su madre, la asunción o ascensión de ambos, la infalibilidad, etcétera tres veces. Otras, la jerarquía se queda sola frente a cristianos o iglesias de base: ahí está el nuevo obispo de San Sebastián. Pero Roma no quiere romper con nadie: no está en su mejor momento. Quizá lo que acabe haciendo sea romper con ella misma: se lo agradeceríamos.

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