Bar Bar, el New’s Divine de la V.I.P.

Bar Bar, el New's Divine de la V.I.P.

El proceso trágico de Haití se posterga, la histeria y el telele priista por la alianza PAN-PRD pasa a tercer plano, las matazones de la narcoguerra se incrustan en el alzheimer selectivo. No hay espacio para las homilías catequizadoras de los cardenales Nava y Marianita Gómez del Campo.

El Bar Bar es la verdadera estrella del Bicentenario. Y su fachada, producto de un delirio de la estética de churrigueresco charro con trutrú incluido, será su verdadero símbolo. El Bar Bar, que hace ver al New’s Divine y al Lobohombo como casinos de lujo de Las Vegas, es el triunfo de la mamada misma del folclor chayotero de la mexicana alegría.

Cuando uno ve el video que relata la increíble y triste historia del cándido Cabañas y la cubana desalmada, lo que más conmueve es la reacción del hombre de seguridad del Bar Bar que al abrir la puerta del baño y mirar la escena grotesca de la muerte del futbolista: había visto al diablo en la extraña forma de dos sujetos que conocía perfectamente y a los que después de verlos cometer el crimen no podía detener como a cualquier parroquiano de esos a los que humillaba si no consumían mínimo tres pomos.

El hombre les franqueó el paso a los dos tipos que sabía capaces de cualquier cosa, a riesgo de que le hicieran una oferta de ésas que no puedes rechazar. Los dejó pasar como indican las políticas en el trato a los clientes VIP, toda esa galería de famosos y celebridades que pueblan las memorias del lugar, en un ambiente libre de nacos.

Pero lo más alucinante es el espíritu sereno con el que los matarifes salen del lugar, con la tranquilidad del deber cumplido. José Jorge Balderas Garza, alias El JJ, alias El Modelo, y su escolta Francisco NN, habían dejado en claro que en el Bar Bar sólo sus bangs bangs rifaban. Se fueron como se deben ir los que dedican el tiempo libre a torturar, pozolear, desorejar y descabezar a quienes les estorban, en su camionetota sin placas, dejando su acento norteño como símbolo de los peligrosos orígenes de su oficio y estirpe.

De la misma manera, ingrávida y gentil con la que la gerencia había consentido la escapatoria a los agresores, el Bar Bar anunciaba que ya no darían entrevistas. Sí, claro, a menos que pasaras el severo escrutinio del cadenero y pagando religiosamente el cover.

Nunca se dirá que aquí se mata gratis, como dice la publicidad promovida por los histéricos, los muertos van por cuenta de la casa.

¿El Bar Bar y las autoridades delegacionales que se lavan las manos le darán un premio al personal del limpieza que dejó rechinando de limpio la escena del crimen?

Jorge Calixto Albarran/mileniodiario

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