Un mundo parcelado por muros y demagogia

preocupan los muros copiar

En este 2009 que está a punto de fenecer, con bombo y platillo celebró el mundo occidental y cristiano los primeros diez años de la caída del muro de Berlín. Y qué bueno. Los muros separan a la gente, alientan la diferencia y la discriminación. Fronteras y alambradas reducen la condición humana, confinan a los seres humanos a un espacio, impiden a unos ser como los demás, estar con los demás.

La erección del muro de Berlín fue una medida autoritaria, una respuesta idiota al atractivo que ofrecía Occidente a los habitantes del socialismo real. El resultado fue una permanente campaña propagandística que ocultó o hizo borrosos los éxitos de la República Democrática Alemana, los que no fueron pocos ni pequeños.

Pero el asunto es que mientras el muro de Berlín sigue mostrándose como ejemplo de la superioridad moral del capitalismo, otros muros, y no pocos, se han levantado en el mundo no para tapar salidas, sino para impedir la entrada. Los más conocidos y oprobiosos son el que levantó el gobierno de George W. Bush para impedir el paso de mexicanos y el que separa a Israel de Cisjordania, pero nada se dice de otras barreras.

Por ejemplo, España levantó una triple valla que aísla sus colonias africanas, Ceuta y Melilla, del territorio marroquí. Para impedir el paso de los árabes, se tendieron tres alambradas: una exterior de seis metros de altura que está inclinada hacia el lado marroquí y que es flexible para impedir que se recarguen escaleras, otra intermedia de cuatro metros de alto y, para los que eventualmente lograran superar los dos primeros obstáculos, una interior que alcanza seis metros, coronada por alambre de púas, y que tiene cámaras, sensores de movimiento, luces de alta intensidad y hasta gas pimienta en aerosol para disuadir a los migrantes.

Pero si España le cierra el paso a los marroquíes, éstos no han querido ser menos y ante su impotencia para derrotar a los bravos saharauís, han optado por levantar un muro de casi tres mil kilómetros de largo con la esperanza de que así mantendrán lejos a sus enemigos. Muros hay entre Sudáfrica y Mozambique o entre Bostwana y Zimbabue en África; entre Irak y Kuwait, entre Omán y los Emiratos Árabes o entre Saudiarabia y Yemen, en la península Arábiga. India ha levantado barreras con Pakistán, Birmania y Bangladesh. Una alambrada separa a China de Corea del Norte y barreras más complejas existen entre Corea del Norte y Corea del Sur, por no hablar de Malasia, a la que sendos muros la aíslan de Tailandia y de Brunei.

Destacan por su longitud las barreras que apartan a Uzbekistán de Kirguistán, Kazajstán, Turkmenistán y Tayikistán, las que deben sumar más de cuatro mil kilómetros, lo que constituye un récord mundial. Sin embargo, nadie le llama muro de la ignominia ni nada por el estilo. Los habitantes de origen turco de Nicosia, la capital de Chipre, están separados de los que hablan griego por una larga pared. Belfast ofrece otro caso de ciudad partida por una alta barda que tiene a los protestantes probritánicos de un lado y de otro a los “católicos”, como llama la prensa a los patriotas irlandeses.

Abundan en el mundo las ciudades divididas internamente por muros. Para protección de los ricos, San Pedro Garza García está separado del resto del área urbana de Monterrey; en la Ciudad de México, en Guadalajara, en Cancún y en Acapulco cada día se construyen nuevos conjuntos de casas separadas del mundo por una alta pared. Es la moda. Los ahítos quieren estar lejos de los hambrientos, fuera de su alcance. Tienen miedo.

Humberto Musacchio!excelsior.com

Deja un comentario