Ultimo tango en Copenhague

cumbre

DICE Matías Vallés que desde que somos tan laicos no paramos de hablar de religión y que, en consecuencia, elegir entre un obispo y un laico se está poniendo difícil. Yo añadiría que con el obispo al menos uno sabe a qué atenerse. La Cumbre del Clima en Copenhague es lo más parecido que se haya visto al Concilio de Nicea, pero con el ecologismo galopante como dogma de fe. El flamante cardenal climático, Yvo de Boer, se declara partidario de vetar cualquier opinión disidente con el nuevo apocalipsis meteorológico, el cual no es más que una reedición del viejo con unas gotas del Arca de Noé y una pizca de catecismo maya. En cuanto al debate científico, nos lo podemos meter donde nos quepa.

La creencia de que el mundo va a peor es tan vieja que ha vuelto a ponerse de moda. Dicen los algoreros (neologismo acuñado de la fusión entre agorero y Al Gore) que el Polo Norte va a derretirse en cubitos, pero los fans del único premio Nobel a pedales olvidan que si los primos de los vikingos bautizaron Groenlandia como Greenland (tierra verde) hace unos pocos siglos, no sería sólo por un irrefrenable optimismo daltónico. En este viejo dado de cinco continentes y medio el hielo ha rodado lo suyo, se ha ido y ha vuelto por sus fueros muchas veces. Han caído meteoritos, se han extinguido especies, el oxígeno fue veneno primero y bendición después. Pensar que seremos capaces de acabar con el gran juego de la vida para siempre es tan imbécil y egocéntrico como pensar que somos el centro del universo. Como mucho, nos borraríamos a nosotros mismos y, la verdad, tampoco sería tan grave. Siempre quedarán las ratas.

Para que la semejanza entre obispos católicos y meteorólogos ptolemaicos sea perfecta, el Concilio de Copenhague ha financiado una campaña en contra de la prostitución donde se afirma uno de los credos esenciales del neoecologismo: «Sea sostenible, no compre sexo». En cuanto concepto abstracto, la sostenibilidad se parece mucho al misterio de la Santísima Trinidad sólo que sin Padre, sin Hijo y sin Espíritu Santo. Aplicado a este caso concreto, suponemos que con lo de sexo sostenible el cardenal De Boer se refiere a masturbarse con una sola mano. Pensando, a ser posible, en la piel blanca e inmaculada del oso polar porque, según el calendario maya, ir de putas también jode la capa de ozono.

Las putas, trabajadoras legales en Dinamarca, han decidido contraatacar y ofrecer sus servicios gratis a los congresistas, dos herejías inconcebibles para semejante caterva de savonarolas incompetentes, burócratas chupones y pelmas profesionales. La de trabajar y la de gratis.

David Torres/elmundo.es

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