Polemica sobre la fiesta

toro

LA INTELIGENCIA es constante y la humanidad no para de crecer. Hay quien piensa que tras la voluntad de prohibir los toros en Cataluña está el empeño de irnos alejando de España. Pero es mucho más simple y mucho menos brillante. Los animalistas no son independentistas. Los animalistas son unos memos. Porque sólo un memo puede creerse que un animal tiene derechos o que un toro de lidia vive peor que uno de granja; o que se sufre más en la plaza que en el matadero.

Seamos serios. Los que llaman al toreo el espectáculo de la muerte son como aquellos que dicen que la ginebra sólo sabe a alcohol, porque no están acostumbrados a beber. Once again, memos.

Soy independentista y me gustan los toros, y lo que aún me gusta más es que cada cual pueda ejercer, sin ser molestado, la libertad de ir o no ir a verlos. Lo que en verdad sucede es que en Cataluña y en España hay muchos memos. Memos.

Con el clamoroso pretexto de la tolerancia se ha llegado a decir que todas las opiniones son respetables. Pues mire usted, no. Porque llamarle asesino a un matador no es una opinión, es una tontería.

Se habla de referendos independentistas, del Estatut, de si Cataluña es una nación o de si España se rompe. Pero más acá de estos debates, y representando una amenaza mucho más devastadora, una nueva patria está a punto de fundarse. Sin segregación alguna por motivos culturales, religiosos, de género o de pertenencia. Totalmente transversal, como se dice ahora. Es la patria de la estupidez sin excusa ni rubor.

Ante la estupefacción de las inteligencias razonadoras, de un lado y de otro, los memos ganan cada vez más terreno. Véase que el pasado viernes, cuando el Parlamento de Cataluña aprobó debatir la prohibición de las corridas, una conocida animalista llegó al insólito extremo de proclamar, entre lloros, que por primera vez «los animales habían tenido voz en un Parlamento», lo cual, a parte de sobrecogedor, es rotundamente falso, pues hace tiempo que Montilla habla allí todo lo que quiere hablar, ese hombre al que la semana pasada le preguntaron en un programa de radio cuál era su canción preferida y respondió «Mediterráneo, de Lluís Llach».

Salvador Sostres es escritor. Su último libro es Viatge de noces (A contravent, 2009).

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