Plomo y candado

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LOS DICTADORES y los mafiosos están incapacitados para comprender que cuando encarcelan o asesinan a un periodista no encierran ni matan la verdad. Creen que la violencia los librará de verse una mañana, en las primeras planas de los periódicos, retratados con sus cómplices, junto a su trama deshilachada, frente al botín (ya sin valor, opaco) y custodiados por las siluetas de sus víctimas.

Es un mal congénito de los autoritarios y los opresores. Se recibe como ñapa con los atributos de mando, si el poder llega por serventías que no están en los mapas de la decencia y la legalidad. No hay escuela, asesor o consejero que les ayude en el aprendizaje de que el crimen o la intimidación sólo contribuye a intensificar la pasión por descubrirlo todo.

Las balas de los sicarios conmueven a la sociedad, pero no la paralizan. El dolor directo es personal, familiar, y alcanza, a menudo, a pequeñas comunidades donde un hombre o una mujer hacían su trabajo. El trabajo diario de informar. O de opinar.

En este año 2009, han asesinado a 68 comunicadores en todo el mundo, según estudios del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). El informe dice que 50 fueron muertos en venganza por su labor, 11 en conflictos bélicos y siete mientras cubrían enfrentamientos en la calle.

En América Latina, aparecen hombres de prensa asesinados en Colombia, México, El Salvador y Venezuela. En Honduras, tirotearon la semana pasada a la hija, de 16 años, de la periodista Carol Cabrera. La muchacha (que estaba embarazada) fue acribillada desde una moto cuando viajaba en el auto de su madre por una calle de Tegucigalpa.

Están en prisión 136 comunicadores. China y Cuba -con 24 presos- comparten el número uno de los carceleros del planeta. Después viene Irán con 23. En los últimos meses ha crecido la represión para controlar a blogueros, editores y foto-reporteros.

Las estadísticas no pueden tasar los sufrimientos. Ayudan a ver la acción y a escuchar los disparos de una contienda paralela contra el periodismo. Esa ofensiva usa, además, la indolencia y el tiempo grosero de la burocracia (o de los corruptos) para investigar los crímenes y las amenazas.

De todas formas la verdad camina. Hace unos días visité en Praga el Museo del Comunismo. Allí vi las celdas donde estuvieron confinados algunos amigos periodistas y escritores. Al volver a Madrid, leí la noticia de la muerte de uno de los grandes jefes del narcotráfico en México. Y así.

Raul Rivero

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