Paz y esperanza para Mexico

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La defensa de los derechos fundamentales que garanticen la paz digna y la esperanza de los mexicanos tiene varias trincheras. En el contexto de los enfrentamientos que está realizando el Estado mexicano contra integrantes de la delincuencia organizada, es indispensable reconocer el esfuerzo que hacen los servidores públicos honestos y comprometidos. A pesar de lo que se ha criticado, los enfrentamientos armados no podrían haberse evitado. Hay quienes defienden por la vía de las armas los privilegios ilegales que han alcanzado, aún a costa de la salud e integridad del resto de la sociedad.

La vía armada no es la única para hacer frente a los problemas que se encuentran como el verdadero trasfondo. Hay quienes piensan que la paz se consigue a través de la guerra, en cambio, hubo quienes, como Mahatma Gandhi, nos enseñaron que la paz es el camino mismo.

Todas las expresiones culturales tienen como referente ciertas fechas para hacer un alto en la vorágine de las actividades, incluso de la guerra, para tener un momento de reencuentro con los valores que inspiran y motivan la existencia y felicidad de las personas. Dos celebraciones simbólicas son la Navidad y el año nuevo, motivos suficientes para convocar a la reconciliación y renovar la esperanza.

El que está por terminar ha sido uno de los años más difíciles para los mexicanos y muchos seres humanos en el mundo. Las causantes son la crisis económica y la inseguridad, sin embargo, son sólo producto de un problema más profundo de la sociedad: la pérdida de valores. Es necesario recuperar y afianzar lo que constituye los pilares de la convivencia y realización de la persona humana.

Riqueza, pobreza, éxito, fracaso, entre muchos otros, son conceptos, que debemos redefinir y dotar de contenido, toda vez que orientan y determinan la actividad de millones de seres humanos.

La pobreza, de acuerdo con los especialistas, no se circunscribe a los aspectos económicos; pero la superación de ésta abarca mejorar la actitud frente a uno mismo y a nuestros semejantes.

En el otro extremo, la riqueza y el éxito no puede ni debe fincarse en la acumulación de objetos materiales, es tan efímera y pasajera la satisfacción de las personas que así se conducen, que se termina en el instante en que se alcanza ese objetivo.

Durante estos días, valdría la pena reflexionar sobre la importancia de la honestidad, la amistad, la paz y la esperanza de quienes conforman nuestra familia y comunidad. Dejar a un lado los rencores y enconos que se edificaron a lo largo de este año para construir en el siguiente mejores puentes de entendimiento y solidaridad.

Ante nosotros tenemos inmensos retos que requieren la capacidad, talento e ingenio de todos, pero no podremos avanzar un ápice, en la medida en que no tengamos esa disposición de entrega incondicional de formar, en los valores del respeto, amor, pasión, aprecio, amistad, entre otros, a esta comunidad a la cual pertenecemos.

No se trata de salir a las calles a abrazar todo el que pase, sino de reflexionar sobre nuestra actitud. Nuestras sociedades tienen origen en el apoyo y respaldo mutuo para conseguir el alimento y seguridad y, sin embargo, eso ha quedado apartado de la conformación de los ámbitos de convivencia que, por el contrario, se presenta una indiferencia o, incluso, un franco enfrentamiento.

Cuando uno observa que en los círculos más estrechos de nuestras sociedades existe la disposición de colaborar, participar, respetar y apoyar, la esperanza para mejorar la paz se vislumbra como una realidad alcanzable. Nada más actual como aquella frase que dice, no te preguntes qué pueden hacer los demás por ti, sino qué puedes hacer por ti mismo y los demás.

No te preguntes qué pueden hacer por ti, sino qué puedes hacer por los demás.

Armando Salinas Torre/excelsior.com

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