Otros tiempos, otros santos

Guillermo Muller/Pancho Villa
Guillermo Muller/Pancho Villa

San Pancho Villa,  el revolucionario milagroso

Si Jesús Malverde se ganó el respeto por sus actos en beneficio de los pobres, Pancho Villa es el espíritu preferido por quienes sienten que las injusticias y los abusos los tienen limitados. Por lo menos eso deja entrever una de las oraciones que le dedican:

“Oh, Gloriosísimo revolucionario San Pancho Villa, siervo fiel y defensor del pueblo, tú que fuiste encarcelado, herido, perseguido por soldados extranjeros, asesinado, robado y cortada tu cabeza; tú que con la bondad de tus hazañas, derrotando a los asesinos y traidores contrarrevolucionarios   y castigando a los explotadores, hiciste poderosos y fieles  a los pobres, nunca serás olvidado porque mucho se te quiere; por eso se te honra e invoca como incansable, combatiente y victorioso, santo patrón de los casos difíciles y desesperados”.

Pancho Villa es venerado en Coahuila, Durango, Nuevo León y Chihuahua, Chicago, Texas y Los Ángeles;  se le pide de todo, especialmente justicia. El culto empezó entre 1950 y 1960. El origen de la fe en Villa  se relaciona con la desaparición de su cuerpo, en Parral, Chihuahua,  tras su muerte el 20 de julio de 1923.

Existe un ritual importante entre los creyentes de Villa. Consiste en colocar en un altar dedicado a él una copa de tequila; entonces la persona enciende una vela y empieza a orar para pedir su milagro; si al abrir los ojos el tequila ha desaparecido el milagro será concedido. Creencia que choca con la investigación de Paco I. Taibo II que revela que a Villa no le gustaba beber.

“Lo que se dice es que anda por aquí ayudando a la gente que se lo pide, que se salió de su tumba para ayudar”, comentan algunas personas. Sin embargo, hay una versión de que  el cuerpo del héroe se encuentra en Estados Unidos, en la Skull and Bones de Yale, debido a la profanación de su tumba por parte de militares mexicanos que vendieron su cabeza.

Pese a las versiones sobre los restos del revolucionario, en el norte, en comunidades de Reynosa y Nuevo Laredo la fe en Villa rebasa incluso a la que se deposita en la Santa Muerte. “Se vende más su figura que la de la Santa”, afirma una vieja vendedora de estampitas, veladoras, collares e inciensos de Reynosa.

En el espíritu de Villa encontramos el espejo de un justiciero, quien protege y da fuerza a los sometidos, situación que desde hace años impera en las comunidades rurales de México. De ahí la confianza en el revolucionario.  Incluso hay quienes acuden a la Escuela de Estudios Síquicos de Doroteo Arango (nombre real de Villa) o a centros espiritistas en donde se hacen limpias para “retomar fuerza de uno de los revolucionarios más queridos”, afirma un creyente.

Lizbeth Hernandez/eluniversal.com

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