Malos argumentos:non sequiturs

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Recuerdo que alguna vez, cuando mis hijos eran pequeños, me preguntaron “papá ¿sabes por qué el mar es azul?” ¡Caray! Cómo explicarles a unos niños pequeños conceptos de óptica que yo apenas recordaba. Así que ante mi titubeo… los dos me dijeron al mismo tiempo “porque los peces hacen blue… blue” seguido de sus risas.

Si bien los humanos somos profundamente curiosos, también amamos lo simple. Imagine que hubiese un supermercado donde vendieran explicaciones para la vida y en un estante se encontraran dos productos: uno que promete hacernos cuestionar y reflexionar para encontrar nuestras propias soluciones y junto a éste otro que nos promete una vida fácil, si seguimos 7 hábitos o reglas que propone. ¿Cuál compraría usted? Tengo la impresión que la mayoría elegiría seguir reglas.

El problema es que los consejos que otros nos dan y prometen una vida de éxito no siempre son útiles. La mayoría de los libros, videos y conferencias de autoayuda sólo consiguen el éxito de sus autores. ¿Por qué son tan exitosos? ¿Por qué no cumplen su promesa? Porque están repletos de lo que en lógica se llama non sequiturs. Una argumentación cuya conclusión no es consistente con sus premisas, cuya conclusión puede ser verdadera o falsa. Pero es falaz en sí mismo, porque hay una desconexión entre premisa y conclusión.

En términos generales, la mayoría de los malos argumentos son variedades de non sequiturs: llegar a conclusiones sin seguimiento.

El problema es que los non sequiturs no sólo están en la literatura de autoayuda. También en las tradiciones ancestrales, en la forma en que un padre educa a sus hijos, en las ideologías, en las ideas sobre las que se construyen sistemas legales y en la política pública. El rabino Shmuley Boteach demostró ser brillante exponente del non sequiturs en el debate que tuvo contra Christopher Hitchens, Sam Harris y Daniel Dennett en el festival La Ciudad de las Ideas llevado a cabo en la ciudad de Puebla, 2009 (puede verlo en YouTube “debate en Puebla”, o www.ciudaddelasideas.com).

Su argumentación seguía un camino más o menos así: 1) Hitler, como otros dictadores totalitarios, se percibía como ateo; 2) los dictadores totalitarios han sido genocidas; 3) “por lo tanto” el ateísmo lleva al genocidio. Boteach, sin embargo, no ofrece argumentos sólidos a por qué deberíamos ver algún enlace entre Hitler y las creencias que aborrece. Su argumentación se basa en culpa por asociación: ubicar dos cosas que no tienen una conexión necesaria con la esperanza de que el mal nombre de una, manche el nombre de la otra.

El mismo truco se puede aplicar a una cantidad asombrosa de creencias y prácticas. ¿Estaría mal el amor si el diablo hubiese amado? ¿Serían malos los libros porque Mein Kampf (Mi Lucha, de Adolf Hitler) es un libro? ¿Deberíamos evitar enseñar historia y geografía porque Pol Pot lo hizo? Claro que no. Los nazis eran muy proclives hacia la ecología, a las manifestaciones públicas, a impartir gimnasia obligatoria y a mantenerse en forma. Si usted mismo(a) no está de acuerdo con cualquiera de éstas cosas, entonces haga mención de la política nazi la próxima vez que quiera añadir un golpe argumentativo a su favor. Y si un vegetariano lo molesta mientras usted come un T-Bone Steak siempre podría retar a su crítico recordando que Hitler también eludía comer carne.

Pero así como hay malos argumentos que utilizan la culpa por asociación, hay otros igual de peligrosos que utilizan “valores por asociación”. Un ejemplo es Mario Cuomo, quien siendo funcionario público expuso vehementemente, ante el auditorio de la Universidad de Notre Dame, que como católico tiene la convicción de desaprobar el aborto. Sin embargo, dada la responsabilidad de ser representante de la gente con convicciones diversas y respetables, debe poner por encima de sus convicciones las de sus representados.

El problema con el valor por asociación es que falla en demostrar lo que realmente está bien o mal con las cosas que critica o defiende. Si la mayoría de la ciudadanía quiere aniquilar a los que tengan ojos verdes o eximir de los puestos públicos a las mujeres. ¿Todos deberíamos permitirlo, aun cuando digamos que es atroz y que nos oponemos, sólo porque la mayoría lo decidió?

Nada es bueno ni malo sólo porque ha sido tocado por la maldad; o que una buena causa entre en conflicto por una convicción. Si alguien dice que algo está mal, debería demostrarse por qué en lugar de recurrir a intentar hacer que parezca malo por asociación, no se demuestra por qué lo está.

Pongamos atención cuando la convicción argumentativa se defiende bajo pretextos democráticos o asociaciones de maldad. Atendamos los argumentos y no creamos en todo lo que se dice porque podemos caer en la trampa del non sequiturs. Apostemos por las convicciones y argumentos.

Andres Roemer/eluniversal.com

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