Esta sociedad nuestra

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LAS CLASES sociales existen, por supuesto. Pero no están tan claras. Hay una que lo controla todo y a todos: la que usa como primera arma el dinero. Y luego las demás, que se pueden comprar. Después, las clases medias que, mirando alrededor, se sienten oprimidas: porque sienten que pagan gran parte de la tarta; y es cierto, pero también se comen buena parte de ella, sobre todo si sobreviven para dejar de trabajar cobrando su pensión. Aún así, se mortifican con su envidia a los de arriba, a quienes ni siquiera ven ni conocen: los archimillonarios, cuyo mundo nos es ajeno, aunque todos creamos que lo sostenemos. Y no es verdad, porque está sobre nosotros, en el aire celeste. Pero si las clases medias miraran hacia abajo verían al proletariado, que en la oscuridad hambrea y pasa sed, enferma y muere. Sin comités ni fábricas, sin sindicatos ni partidos, sin organismos que lo defiendan. Sin datos fiables que nos lo presenten. Son los usuarios de las pateras, vivos o muertos, los inmigrantes ilegales, las putas forzadas, los sintecho… ¿Es que se esconden, o no queremos verlos? ¿Cómo y dónde viven si es que viven?

Antonio Gala

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