El cielo se hace estrecho

los gays no van al cielo

Me cuesta mucho trabajo imaginar un Dios que promueva el odio y reclame una cuota de sangre de todos aquellos que no creen en él. Un Dios que pida que a los infieles los decapiten. Es difícil comprender un Dios que condene a un pueblo por que come carne de cerdo dado que es un animal inmundo. Me cuesta trabajo entender un Dios que esté preocupado de lo que pasa detrás de la puerta de un cuarto cuando dos seres humanos se están amando, siempre y cuando lo que hacen sea con el pleno consentimiento de ambos y sin causarse daño el uno al otro.

Por eso me parecen desafortunadas y arriesgadas las declaraciones del cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, ex presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, una especie de Secretaría de Salud del Vaticano, en el sentido de que los gay no irán al cielo. El cardenal se lava las manos atribuyéndole la sentencia a San Pablo en una de sus cartas a los romanos. Con el argumento de que Dios rechaza todo aquello que es antinatural.

En medio de escándalos de pederastia, de abusos inconcebibles en los que la Iglesia católica ha sido protagonista, como los que se están ventilando en Irlanda, las declaraciones del prelado han tenido que ser desautorizadas por la Santa Sede.

Supongo que el cardenal tendrá que hacer otra declaración para no dejar lugar a dudas de que todos aquellos curas pederastas, que lo antinatural lo despliegan en dos formas, como homosexuales y abusando de menores, tendrán un lugar especial en el infierno, y una copia certificada de la carta de San Pablo a los romanos.

Tan grave es condenar a alguien por sus preferencias sexuales como desautorizar a toda una Iglesia por los deslices de sus miembros. Hay gays piadosos, humanos comedidos y, otros, desalmados, delincuentes y desbocados y seguramente se condenarán o se salvarán, si es que creen en ello, por sus acciones y no por su actividad en la alcoba.

El mismo caso de los Legionarios de Cristo que, independientemente de la poco clara vida de su fundador, de su perfil de formación de altas capas sociales, ha educado a miles y miles de jóvenes en los valores y el amor. No obstante que los llamen los millonarios de Cristo, y a veces sea difícil defenderlos de esta acusación. Pues en su apetito de recaudar y cobrar las colegiaturas, algunas de sus empleadas creen tener el derecho de embargar a las alumnas dejándolas confiscadas en oficinas mientras no se liquiden los adeudos. Esto conforma una práctica muy formativa de humillación, que por supuesto no se olvida ni con el paso de cien años y que raya en lo ilegal. Pero conocer a los sacerdotes legionarios en su compromiso y en su voto de pobreza, hace que se olvide la estupidez de sus administrativos.

Desde el ángulo de la Iglesia católica, el cielo se vuelve cada día un lugar más estrecho, hace siglos los ricos y los ojos de las agujas, hoy los divorciados, los gays y los que se acumulen en la semana. Me pregunto si la inmovilidad y su falta de adaptación a los tiempos sin traicionar sus principios, es parte del secreto de sobrevivencia en el tiempo o el gen de su destrucción y el alejamiento de la grey.

Temas fundamentales están hoy en día sobre la mesa para la institución más longeva en la historia de la humanidad, divorcio, celibato, aborto, pena de muerte, eutanasia, preferencia sexual, el papel de la mujer en la Iglesia. Son pendientes que deberán ser abordados tarde o temprano en medio de pugnas internas muy importantes. Habrá que considerar también que el actual pastor de la Iglesia católica apostólica romana es un hombre que no parece muy propenso al cambio.

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En medio de escándalos de pederastia, de abusos en los que la Iglesia católica ha sido protagonista, las afirmaciones del prelado han sido desautorizadas por la Santa Sede.

Francisco Zea/excelsior.com

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