El cardenal opino

PAG3-1_0

Don Norberto Rivera, que es cardenal, o sea un alto representante del Estado del Vaticano en México, ha sentenciado que la aprobación de la legislación acerca del matrimonio entre homosexuales, anteayer aprobada para el DF por la Asamblea Legislativa, es “aberrante, “inmoral”, “inadmisible y condenable” por ser un “atropello” a la Familia, a la Sociedad, a la Moral, a la Dignidad Humana. Después, el señor cardenal Rivera, perdonador y proselitista cual debe de ser, invitó a los católicos y a las católicas a rezar para que aquellos hombres y mujeres que ofician de diputados y diputadas y que aprobaron la susodicha “ley inmoral” se arrepientan y se conviertan a la fe católica.

No sé si en verdad esa flamante legislación, aprobadora de la unión civil entre seres sin alguna posibilidad de ser reproductores de otros seres, atropella a la Familia, a la Sociedad y a la Dignidad Humana, y hasta qué punto los legisladores aprobadores sean convertibles, como, por ejemplo, lo son los bonitos automóviles descapotables (lo cual no exime a éstos de atropellar de cuando en cuando), pero me parece que para convertir a alguien antes hay que convencerlo. Y me pregunto si un jerarca de la Iglesia, a quien debemos suponer casto por lo menos desde que oficialmente ha dedicado la mayor parte de su existencia al servicio de la doctrina católica —como sería el caso del respetable cardenal Rivera—, puede ser considerado una autoridad en estos asuntos de homosexualidad, bisexualidad, heterosexualidad y, en fin, sexualidad a secas… (Aunque, la verdad sea dicha, la sexualidad no suele ser seca.Y a propósito: un autor inolvidable cuyo nombre he olvidado, pero creo que era precisamente un eclesiástico, definió la cópula como un intercambio de ciertos densos líquidos emitidos por los cuerpos, sean éstos de animales en bruto o de mujeres y hombres civilizados.)

El señor cardenal Rivera es un hombre respetable, seguramente buen servidor de su fe y acatador de la obligación de castidad propia de su sacerdocio, pero creo, dicho sea con todo respeto, que su opinión acerca de formas incorrectas de la sexualidad—de las cuales, por causa de esa misma profesional castidad, él ha de tener escaso o nulo conocimiento directo— tal vez sea respetable y de tomarse en serio, pero no es la de un experto en el asunto.

Jose de la colina/mileniodiario

Deja un comentario