Dia de inocentes

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HOY ES (¿quizá era?) día de bromas, sinsentidos, risas contagiosas no ofensivas… Quizá el inocente es el único que se salva: el que conserva su real vocación, su flor primera, sin sacrificarlas a la normalidad (hoy poco deseable) ni al éxito (lo único hoy deseado). Sin embargo, suelen tener mal fin. En un pueblo -que se llamó y aún se llama Belén- lo tuvieron. Había nacido el Mesías prometido por los profetas hebreos. Habló sólo de amor, de generosidad y de perdón; pero eso fue después. De momento, el rey Herodes mandó degollar a todos los niños menores de dos años («Raquel llora la muerte de sus hijos. Hasta en Ramah se oyen sus gritos»). Murieron para salvar al Salvador: menuda inocentada. Y sucedió antes de que funcionara, a trancas y barrancas, la religión que se dice que él fundó. Yo no lo creo. El Mesías, si lo fue, se contradijo. Predicaba la paz, el sosiego, olvidar las ofensas. Y decía: «Yo no traigo la paz sino la espada… He venido a prender fuego a la Tierra, ¿y qué quiero si no que arda?» Todo incomprensible para nosotros. Quizá no para los inocentes.

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