Ayer, Hoy

Ignacio Ramirez "El Nigromante"
Ignacio Ramirez "El Nigromante"

Siglo 19: tiempo de las leyes de Reforma, de la constitución de 1857. Juárez quedó anonadado cuando el mismísimo Ignacio Ramírez, El Nigromante, clausuraba conventos para que pasaran a manos del Estado. (Por eso existen la Biblioteca Nacional, antes Templo de San Agustín, o la Biblioteca Palafoxiana, en Puebla). Pero lo más inaudito para Juárez fue esta historia:

Don Ignacio, levantando inventarios cerca de La Merced. Los hijos del Nigromante jugaban a las canicas; una fue a dar a la ranura de una piedra. Los chamacos lloraban a su padre que sacara del hoyo el objeto del juego. El constituyente mandó retirar el suelo de piedra para sustraer la canica. Sorpresa: se encontraron también un pequeño ataúd de madera con los restos de un niño, con un cordón amarrado al cuello… El Nigromante ordenó remover todas las piedras del convento: aparecieron 30 cajas de niños enterrados en iguales condiciones.

Los religiosos quisieron darse a la fuga. Los detuvieron. Sin remedio, declararon ante la ley que los entierros se hicieron en complicidad, a petición de las ricas damas de sociedad, a cambio de donativos. Sí: las damas abortaban y ocultaban los fetos en el convento de los clérigos.

No es invento: lo leí en Las Memorias prohibidas de El Nigromante, de Emilio Arellano. Esto viene a cuento hoy, ante el tema del aborto: esa es la Iglesia que condena a las mujeres en pleno siglo XXI. Las damas ricas siguen abortando, sin problema, y las pobres, a la cárcel.

Siglo XXI: Marcial Maciel, fundador de Los legionarios de Cristo, ya todos lo saben, tuvo mujeres y niños en concubinato. Hizo prácticas de pederastia comprobada. Tiene hijos que fueron violados por el mismo padre, que ahora pelean la herencia a la congregación. Las denuncias son públicas.

Tampoco hay ficción. Abundan libros que abordan el tema y el Vaticano debió reconocer los “pecados” de Maciel. El mismo Vaticano que va contra la legalización del aborto y contra la educación sexual en escuelas.

Por eso la petición de la diputada Enoé Uranga al demandar al presidente que la religión católica regrese a las iglesias y no presione en la vida política. Un deber ético con el que debemos estar los mexicanos, seamos o no guadalupanos. Regresar a la Constitución de 1857 es impostergable. ¿Rectificará Beatriz Paredes? ¿Quién dice yo?

Sin patria cívica, la democracia es falaz.

Braulio Peraltamileniodiario

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