Arbitrariedades

nazi

BENEDICTO XVI, que dijo este año la Misa del gallo dos horas antes para no trasnochar, se está haciendo la cama en algún otro sentido. Juan Pablo II, que odió el comunismo y gastó el dinero vaticano en el Sindicato Solidaridad, polaco como él, se acerca a su beatificación. Por extraños caminos: los que él mismo usó para canonizar al fundador del Opus, en pago de cubrir con oro los agujeros de esa banca… La Iglesia siempre obra así. No canonizó a Orígenes porque se había castrado -como sino pudiese pecarse de deseo, pensamiento y obra sin testículos-, pero castró a los niños de bonitas voces para dar gracias a Dios: qué desvergüenza. Quizá no tanta como la de santificar a Pío XII, Pastor Angelicus, que conoció hora a hora, antes y después, los avances del nazismo y no hizo un gesto que lo evitara. Hasta Franco, en esto, obró mejor que él: ¿canonizará la Iglesia a Franco? La del Palmar ya lo hizo. Entre una y otra no veo mucha diferencia. No me extrañaría que, quien entró Papa en el Cónclave, fuese canonizado aun antes de morir. Hay gente para todo. Hasta para llamarse De gloria olivae, con la mala cosecha de este año.

Antonio Gala/elmundo.es

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